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Una palabra de ánimo para los pastores

Si eres un pastor, esperamos que este mensaje sea de bendición para tu vida. Si no lo eres, estás bajo el cuidado pastoral de uno a quien le puedes compartir estas palabras de ánimo para mostrarle cuánto lo aprecias.

No cabe duda que para aquellos en el ministerio pastoral, este año no ha sido para nada sencillo. Además de los retos habituales, tal vez perdiste miembros, quizás también personas valiosas perdieron la vida a causa de la pandemia.

Amado pastor, sé que en este tiempo te has estado cuestionando muchas cosas. Quizás también te sientes culpable porque aun aquellos que creíamos fieles, «de la nada» desertaron y se apartaron del camino, y eso te dolió en lo más profundo del corazón. No cargues con el peso de culpabilidad, Dios sigue en medio de todos los planes y propósitos de tu vida y ministerio.

Ser pastor en medio de una pandemia ha sido de las cosas más difíciles a las cuales te has tenido que enfrentar. Sabemos que estás ahí para las ovejas que Dios ha puesto a tu cuidado, que has dado de tu amor, tiempo y recursos para edificar la iglesia de Cristo y al final también te preguntas: «¿Habrá alguien que esté ahí para mí?»

Este escrito no pretende victimizar ni mucho menos dar gloria a tu vida sacrificial, pero sí buscamos glorificar a Dios por aquellos que, como tú, han demostrado paciencia, perseverancia y permanencia por medio de la obra del Espíritu Santo en su vida. La Palabra nos enseña a honrar a aquellos que han sembrado en nuestra vida, y esta entrada del blog pretende hacerlo. Así como dice Hebreos 13:7, «Acuérdense de los líderes que les enseñaron la palabra de Dios. Piensen en todo lo bueno que haya resultado de su vida y sigan el ejemplo de su fe» (NTV). ¡Son admirables y dignos de imitar!

No estás solo

Amado pastor, sé que cuando llega la noche has sentido soledad en medio de tu lucha, pero hay muchos como tú luchando en esta misma batalla. Ten la humildad de buscar ayuda de tus colaboradores, líderes o pastores de otras congregaciones a los que le tienes confianza. Pastor, tú también necesitas ser ministrado y escuchado. Así como también necesitas escuchar las batallas de otros para poder identificarte con ellos y saber que tenemos otros compañeros de milicia.

Pero lo más importante que debes recordar es que Jesús también sintió soledad y él mejor que nadie te entiende, y él, como ningún otro, te acompañará, sostendrá y levantará. «Yo, el Señor, te he llamado para manifestar mi justicia. Te tomaré de la mano y te protegeré» (Isaías 42:6a, NTV).

Tu iglesia es de Cristo

Amado pastor, no olvides que tú eres una herramienta y a la vez un vaso en manos del Alfarero; al mismo tiempo que Dios te está usando, te está moldeando. Tú no eres Dios, no eres el Espíritu Santo para convencer a nadie. Eres esa preciosa herramienta en manos de un Dios todopoderoso para trabajar en su iglesia, pero no eres el dueño. El dueño es el Señor, y él ama a tu congregación más de lo que tú la amas. Él es el principal interesado en edificarla y santificarla.

No te afanes y deposita tu vida y tu llamado en las manos del dueño de la viña. Él se hará cargo. No estoy diciendo que dejes de trabajar, sino que descanses en la soberanía del Señor y que dejes en sus manos todas esas cosas que no puedes controlar. «El amo lo llenó de elogios. “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Has sido fiel en administrar esta pequeña cantidad, así que ahora te daré muchas más responsabilidades. ¡Ven a celebrar conmigo!» (Mateo 25:21, NTV).

Enfócate en siervos fieles

Amado pastor, en toda iglesia hay un remanente fiel, pequeño o grande, pero lo hay. Son aquellos que han permanecido a través de las tribulaciones. Apóyate en ellos mientras edificas también su vida. No trates de resolver todo tú solo; busca colaborar con aquellas personas que han perseverado y que han mostrado una verdadera vida de arrepentimiento. Siembra la visión que Dios te ha dado en ellos y trabajen juntos para su reino. A estos mismos podrás delegarles ministerios, asuntos y personas. Todos juntos, como un equipo, irán por esa oveja perdida que necesita ser rescatada.  

«Por lo tanto, mis amados hermanos, permanezcan fuertes y constantes. Trabajen siempre para el Señor con entusiasmo, porque ustedes saben que nada de lo que hacen para el Señor es inútil» (1 Corintios 15:58, NTV).

Toma un día de total reposo.

Amado pastor, toma tu propio Sabbat, no importa cual día de la semana, pero tómalo de verdad. Desconéctate del trabajo y (se escuchará un poco insensible) de los problemas y afanes de los demás. ¡Será solo un día! Hazlo por ti, por tu relación con Cristo y por tu amada familia. Créeme, te lo agradecerán profundamente.

Agenda bien tu semana y saca todo el provecho posible para que ese día que elijas puedas dedicárselo al Señor, a ti mismo y a tu familia. Ten un devocional en soledad y en silencio, que Dios limpie tu mente y renueve tus fuerzas. Date un «lujo», toma tu café favorito, agarra tu mejor libro o haz una siesta. Y disfruta a tu familia, lo necesitas y lo necesitan. Salgan, coman, vean una película, jueguen y disfrútense. Recuerda pastor, estas 24 horas no serán pérdida de tiempo, sino una gran inversión.

Estos consejos se aplican también a aquellos que quizás no son pastores principales, pero sirven incansablemente a su amada congregación. ¡Comparte este artículo con un siervo de Dios con quien estés profundamente agradecido!

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