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El dilema del cansancio

¿Te ha pasado que quieres orar pidiendo ayuda al Señor porque estás cansado de tu rutina, pero a la vez no quieres orar porque estás muy cansado? Hace algunos días me pregunté, ¿será que no oro porque estoy cansado? ¿O estoy cansado porque no oro?

Sucede lo mismo cuando nos sentimos apartados de Dios. Puede ser que, el no tener tiempo de intimidad con él, nos haga sentir aún más distantes y menos motivados a acercarnos.

A veces le dedicamos a las actividades cotidianas toda nuestra atención y tiempo. Me ocurrió recientemente en el trabajo debido a un ascenso. Al final de la semana me di cuenta de que había pasado todos mis días planeando objetivos laborales y avanzando con los asuntos pendientes. A último momento de la jornada lo que menos quería era orar o leer la Biblia. Entonces me encontré frente al dilema del cansancio. 

Acércate

En el libro de Isaías, Dios invita a su pueblo a acercarse a él. «¡Vengan a las aguas todos los que tengan sed! ¡Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero! Vengan, compren vino y leche sin pago alguno», (Isaías 55:1, NVI). También Jesús hace una invitación similar a sus discípulos. «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso», (Mateo 11:28, NVI).

Con esto en mente, es fácil resolver el dilema y no es difícil saber si fue primero el huevo o la gallina. Dios nos hace una invitación a acudir a él en nuestros momentos más difíciles, en las situaciones más estresantes. Él se encargará del resto. 

Recuerda

Recientemente le pregunté a un amigo cómo hacía para enfrentar situaciones de este tipo. Él ha pasado por circunstancias económicas complicadas en las que ha necesitado hasta de tres trabajos para sustentar a su familia. ¿Cómo se puede estar gozoso y querer pasar tiempo con el Señor después de haber trabajado todo el día realizando una y otra labor?

Su respuesta me pareció interesante, me dijo que una de las estrategias que lo han ayudado a mantenerse avivado por Dios es tener un diario en el que escribe acerca de sus mejores días, pero también sobre sus más duros momentos con él. Este le sirve como recordatorio de la misericordia y bondad de Dios, y lo lleva a acercarse a él sabiendo que tanto los buenos como los malos momentos pasan, pero él permanece. 

Así, en la Biblia, Dios invitaba a su pueblo a construir altares, realizar fiestas y nunca olvidar todo lo que él había hecho. Esto como una forma de tener presentes las bondades de Dios para seguir buscándolo. 

Hoy, cuando te dirijas a la cama o mañana cuando te levantes y te encuentres frente al dilema del cansancio, escucha la voz de Dios y no endurezcas tu corazón. Busca tu descanso en pasar tiempo con él.

 

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