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El buen pastor

Hace poco un familiar enfrentó una toma de decisión difícil, pues le fue heredado por un tío un buen negocio. Él se encontraba en el predicamento de dedicarse a eso (teniendo que renunciar a su trabajo) o simplemente venderlo. Su argumento para considerar venderlo era que si dejaba su trabajo y salía mal el negocio, nadie podría respaldarlo económicamente.

Al escuchar esta historia, aunque me pesaba que él no se atreviera a dedicarse al negocio de su familia, me sentí muy identificada, puesto que muchas veces me he excusado de hacer cosas, de liderar ministerios, de apoyar a mi familia, de crecer en el trabajo, etc., por ese mismo temor. ¿Quién me respaldaría si tomo las decisiones yo? ¿Quién me apoyaría si no puedo con algo? Quizás tú te has visto en alguna situación similar también en alguna ocasión.

Ovejas descarriadas

Para quienes alguna vez nos hemos sentido como esas ovejas que andan pastando sin rumbo fijo, solas, sin guía alguna, el día de hoy tengo una pregunta. ¿A quién le perteneces? ¿Eres un llanero solitario —una oveja descarriada— en esta vida o tienes dueño? Después de meditar en este tema, si me preguntaras a mí, te diría que tengo un dueño. No cualquier dueño, es un buen pastor que me guía, y no sólo eso, un pastor que da su vida por las ovejas (Juan 10:11).

Desde que caí en cuenta de esto ya no me pregunto cada vez que tomo una decisión o hago algo nuevo. ¿Quién me respaldaría? Puedo contestar con certeza que el Dios de los cielos y la tierra, el buen pastor, el que no escatimó ni a su propio hijo para entregárnoslo a nosotros, sino que está dispuesto a dar su vida por sus hijos (Romanos 8:32), él lo haría.

Eres mi pastor

Si esto es algo que necesitas meditar el día de hoy, te recomiendo escuchar «Eres mi pastor» de Marcos Witt, feat. Kim Richards, una dulce referencia al Salmo 23. Cuando tuve la oportunidad de escucharla, recordé que no camino sola, que hay alguien que me cuida y que, por lo tanto, nada me falta. Ya no te preguntes más quién te respalda o quién está de tu lado, pues como dice esta canción: «No temeré, conmigo caminas, eres mi pastor». ¡Amén!

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