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Cómo prepararnos para la Navidad

Cada diciembre, muchos comienzan el mes con sus preparativos para la Navidad, que incluyen listas de compras y más compras. Otros desempolvan sus decoraciones y adornan sus casas o planean fiestas navideñas con los amigos, con la familia o con los compañeros de trabajo. Pero ¿cómo podemos preparar verdaderamente nuestro corazón para recibir esta fecha especial?

Es posible que cada historia de Instagram de los pinos de tus conocidos, cada canción que se escucha en las tiendas y cada fiesta a la que asistas, haga que muy fácilmente olvides que la Navidad no se trata de todo eso. Creo que especialmente este año, después de no haber podido celebrarlo a lo grande el año pasado, todos estamos emocionados por festejar. Pero algo que es importante que tengamos en mente es que no es solamente necesario preparar nuestra casa o inclusive nuestra cartera, sino sobre todo nuestro corazón.

Esperanza del mundo

Comencemos hablando de la esperanza, ya que la Navidad tiene que ver con la preparación y la espera de un tiempo específico. Una de las frases más sonadas en los villancicos que cantamos en estas fechas es acerca de cómo Jesús es la esperanza del mundo. Pero ¿qué es exactamente la esperanza? El diccionario establece que es un derivado de la palabra «esperar» y lo define como un «estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea»[i]. ¡Qué interesante! Tiene que ver no sólo con esperar algo, sino que saber que es alcanzable.

Definitivamente esta es una Navidad llena de esperanza, en la que muchos que habían vivido pérdidas o tiempos difíciles pueden ver poco a poco la luz al final del túnel. Sin embargo, más allá de eso, cada Navidad nos recuerda que no solo esperamos en Cristo, sino que tenemos a un Dios bueno que ya nos lo ha dado,  que nos envió al Salvador al mundo: Emmanuel, Dios con nosotros. Él es un Dios de esperanza. «Le pido a Dios, fuente de esperanza, que los llene completamente de alegría y paz, porque confían en él. Entonces rebosarán de una esperanza segura mediante el poder del Espíritu Santo.» (Romanos 15:13, NTV). Y nosotros tenemos esa esperanza porque confiamos en él, en su obra, en lo que ha hecho y hará por nosotros.

De la esperanza a la adoración

Recuerda que la esperanza es el ánimo de saber que es posible lo que esperamos. Nosotros esperamos, en Jesús, algún día participar de la gloria de Dios, como dice Pablo en Romanos 3:2. Esto no quiere decir que siempre sepamos que es posible llegar porque tengamos evidencia tangible, sino que la misma fe que el Espíritu produce en nosotros nos permite vivir esta espera. Incluso en ocasiones Dios la forma a través de los tiempos difíciles. «Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza» (Romanos 5:3-4).

Mientras Dios la va forjando en nosotros, esta esperanza, nos va llevando a cambiar nuestro estado de ánimo, ¿pues cómo estar tristes o desesperados si sabemos la gloria que nos espera? Y esto nos lleva a agradecer y alabar a Dios. «¿Por qué voy a inquietarme? ¿Por qué me voy a angustiar? En Dios pondré mi esperanza, y todavía lo alabaré. ¡Él es mi Salvador y mi Dios!» (Salmo 42:11, NVI). Esta es la actitud que deben tener quienes esperan en él, los que son constantes y no retroceden en la promesa de redención que les ha sido hecha.

Comencemos a preparar nuestro corazón para estas fechas recordando que él es a quien tenemos, la esperanza que aguardamos, y aprovechemos para alabarle, pues sabemos que es una esperanza que no defrauda.

[i] Esperanza. Diccionario de la Real Academia Española. https://dle.rae.es/esperanza

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