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¡Qué mala suerte!

Si fueras un superhéroe, ¿qué superpoder te gustaría tener? Cuando yo era niña, soñaba con ser Matilda para poder dar órdenes a las cosas con mi mente y que hicieran el trabajo por mí. Así como ella se concentraba y lograba que la caja de cereal se inclinara hacia el plato y la cuchara a su boca, así deseaba que todo fuera tan sencillo de controlar para mí. Inclusive hoy en día quisiera poder decir: «Alexa, manda un correo a mi cliente con los nuevos precios» y que «ella» lo hiciera todo el trabajo por mí.

Aunque tener el poder para controlarlo todo fácilmente sería genial, lamentablemente la vida real no funciona así y en el mundo en el que vivimos no controlamos muchísimas de las cosas que quisiéramos en nuestro entorno, en nuestra relación con los demás y en nuestra vida en general. Muchas cosas nos llegan, no las elegimos, como si se tratara de suerte. Algo así es lo que pensaba cuando leí el libro de Ester.

No es cuestión de suerte

Cuando leí recientemente este libro sobre la mujer judía que «por suerte» se convirtió en la reina de toda Persia justo eso pensé, que pareciera ser que este libro en vez de mostrarnos que tenemos control sobre lo que sucede a nuestro alrededor, las cosas pasan por suerte. 

Para empezar, el príncipe Amán echa suertes para decidir en qué mes exterminar al pueblo de Israel. Así mismo, muchos de los acontecimientos parecen ser una concatenación de eventos que se fueron casualmente juntando:

El rey escoge a Ester como reina y resulta ser una judía, así como aquellos a quienes Amán quería exterminar; el día que Amán planea asesinar a Mardoqueo el rey le ordena que lo honre como él quisiera ser honrado; al final, Amán termina muriendo de la manera en que planeaba asesinar a Mardoqueo, etc. Tantas casualidades y suertes que hasta parece una obra «shakespeariana».

Sin embargo, cuando Ester no sabía si presentarse ante el rey, pues podía perder la vida al llegar sin ser llamada, Mardoqueo le contesta algo que pone en claro que en realidad este libro no se trata de suerte ni de casualidad. «Si ahora te quedas absolutamente callada, de otra parte vendrán el alivio y la liberación para los judíos, pero tú y la familia de tu padre perecerán. ¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como este!» (Ester 4:14, NVI).

Dios no es un Dios de suertes ni de hacer las cosas sin un plan, como muchas veces somos nosotros. Él es un Dios soberano que sí tiene el poder de controlarlo todo y tiene un plan para su pueblo. En esta ocasión, él había elegido a Ester para ser glorificado por medio de la vida de ella, para ejecutar su plan a través de una judía huérfana en Persia. Pero si ella se negaba a ser parte de este plan, no era el fin para Dios, pues sus planes siempre se ejecutan.

¿Quién tiene el control de todo?

La respuesta a esta pregunta es simple. Dios. A pesar de toda la maldad que hay en el mundo, de todo pecador que cree que se está saliendo con la suya o de cada suceso que se da en consecuencia de otro previo, Dios está por sobre todos y todo. Nada se escapa de sus manos. Él es Dios poderoso y soberano.

Si conocemos y creemos en los atributos que la Biblia describe acerca de Dios, entenderemos que el Señor, además de ser soberano, es bueno. ¿Cómo se relacionan estos dos atributos? Un creyente que cree en ambos puede estar seguro de que: 1. Dios está al control de todo, 2. Dios sabe lo que hace, 3. Dios quiere lo mejor para mí y me ama, y por lo tanto 4. Todo va a estar bien. Sin importar qué tan fea o buena se ponga la situación. Todo va a salir bien.

Como dice su Palabra: «Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo también es el reino, y tú estás por encima de todo» (1 Crónicas 29:11, NVI). Reconoce al Señor en todos tus caminos, confía en él y déjalo actuar sobre tu situación. Quizás tú no tienes el superpoder de controlarlo todo, pero quien guarda tu alma sí.1

 1Si te interesa leer más sobre la soberanía de Dios, te recomiendo el libro «La Soberanía de Dios» de Arthur W. Pink.

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