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En las manos de Dios

Cuando nos encontramos en un escenario en el que queda muy poca esperanza, usualmente hacemos referencia a esta misma frase: «Ya solo está en las manos de…», en las manos del médico, del seguro, del maestro, del juez, entre otros. Y vaya que resulta desalentador, porque a los seres humanos nos encanta tener en nuestras manos el poder para hacer lo que nos resulte más beneficioso.

Más sabio que nosotros

Te tengo una buena noticia. Nosotros los que confiamos en el Señor estamos en una realidad que cambia el escenario por completo. Si has creído en Cristo como tu Señor y Salvador, tu vida está en las manos de Dios. Pase lo que pase, descansamos cuando entendemos que nuestro destino está en manos de un Dios bueno y amoroso. Estar en sus manos debe de llevarnos a experimentar la mayor paz, porque inclusive cuando las cosas no resultan como pensamos, entendemos que todo desenlace está bajo el dominio de un Dios que es mucho más sabio que nosotros.

Nada lo sobrepasa

Precisamente hoy por la mañana leía una publicación en redes sociales que decía: «Poder tener el control del 100% de las cosas es imposible, pero Dios tiene el 100% del control». Nada toma por sorpresa a Dios, él no se ve sobrepasado por nadie y no hay manos más calificadas para conducir tu futuro.

El más hábil

En la época de los 90 —cuando Michael Jordan jugaba para el equipo de básquetbol de Chicago— sucedía un fenómeno extraordinario. En el momento que el balón estaba en las manos de Jordan, todos los aficionados de los Bulls descansaban, porque entendían que no había manos más calificadas que las de él. ¡Y vaya que hacía magia dentro de la cancha! Cuando tu vida está en manos de Dios, puedes descansar, porque no hay manos más amorosas, tiernas y poderosas para cuidar de nosotros.

Jesús vino a la tierra a revelarnos el corazón del Padre, y precisamente, sus manos estuvieron en todo tiempo ocupadas; sanando enfermos, alcanzando a los perdidos, manos que terminaron clavadas sobre un madero por amor de cada uno de nosotros. Si estás en las manos de Dios, estás en las mejores manos. «Tu brazo es capaz de grandes proezas; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra» (Salmos 89:13, NVI).

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