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¡No vuelvas a la normalidad!

Hoy el deseo de todo mundo es «volver a la normalidad». La vacunación en todos los países avanza y todos añoran volver a vivir la vida como era antes de la pandemia. Pero yo te digo: ¡No vuelvas a la normalidad! Así es, no vuelvas a la normalidad, si lo normal era pasar poco tiempo con la familia, si la normalidad era un afán desmedido por el trabajo, si la normalidad era rara vez tener tiempo de calidad con tus hijos.

Por supuesto que anhelo volver a ciertas libertades que experimentábamos antes de la pandemia, pero al mismo tiempo, quiero valorar todas aquellas cosas que «ganamos» a través esta cuarentena forzada. Tengo varios amigos que trabajan en fábricas maquiladoras o en oficinas muy lejos de casa y el poder hacer home office les permitió compartir una comida entre semana con su familia después de muchos años. Otros se ahorraron largas horas en el tráfico, lo que les permitió jugar con sus hijos antes de dormir.

Ordena tus prioridades

Esta pandemia nos ha llevado a revalorizar muchas cosas. Debemos ser determinados en ordenar correctamente nuestras prioridades. No elijas lo urgente por encima de lo importante. Primero está tu relación con Dios y después está tu familia. El trabajo u otros pasatiempos no deben de ser un estorbo para que nos entreguemos de corazón al  Señor y a nuestra preciada familia. Podemos aprender de Jesús, que aun en medio del sufrimiento de la cruz, se tomó el tiempo para ver por su madre y asegurarse de que estuviera bien tras su partida. «Y cuando Jesús vio a Su madre, y al discípulo a quien Él amaba que estaba allí cerca, dijo a Su madre: “¡Mujer, ahí está tu hijo!”. Después dijo al discípulo: “¡Ahí está tu madre!”. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa» (Juan 19:26-27, NBLA).

No olvides que tu familia es tu primer ministerio. Tal vez, terminando la pandemia tendrás que volver a una oficina, pero cuando hay aprecio, hay voluntad para hacer todo lo que está en nuestras manos para atender aquello que valoramos.

«No se amolden al mundo actual»

Además de tener cuidado de tu familia, ¿qué otros hábitos debes dejar en el pasado? Otro que nos llamó a «no volver a la normalidad de este mundo» fue el apóstol Pablo, que nos dice: «No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta» (Romanos 12:2, NVI). El mundo se opondrá a nosotros por vivir principios «anormales» para la cultura, pero nosotros pertenecemos a una patria celestial. Muchos de ellos, como dice Pedro, se escandalizarán: «A ellos les parece extraño que ustedes ya no corran con ellos en ese mismo desbordamiento de inmoralidad, y por eso los insultan» (1 Pedro 4:4, NVI).

Por siglos el mundo nos ha llamado de todo, menos personas «normales». Somos extranjeros y peregrinos, esperando el día de la recompensa, cuando veamos cara a cara a nuestro amado Señor Jesucristo. ¡No vuelvas a la normalidad y persevera hasta el final!

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