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La esperanza en Eclesiastés

Si has leído el libro de Eclesiastés —uno de los libros del Antiguo Testamento— es muy probable que te extrañe un poco el título de este artículo. ¿Esperanza? Parece que el mensaje que da el autor es todo lo contrario. De comienzo a fin, se repite la frase «vanidad de vanidades, todo es vanidad». Esta clase de pesimismo es muy parecido al existencialismo de Jean Paul Sartre, quien dibuja una vida humana carente de propósito y significado, diciendo que el hombre es nada, «una pasión inútil».[1] ¿Cómo pues, puedo encontrar esperanza en un mensaje así?

Eclesiastés, que tradicionalmente se le atribuye al rey Salomón, es un libro hermoso y profundo, pero con ciertos desafíos de interpretación que debemos tomar en cuenta para encontrar el propósito del libro, ¡y la esperanza de la que estoy hablando!

La vida bajo el sol

Los expertos en el arte de la interpretación de los textos — la hermenéutica— señalan que una de las claves para encontrar el propósito del texto bíblico consiste en prestar atención a las frases repetitivas. La frase hebrea que se traduce «bajo el sol» aparece 28 veces, por lo tanto, entender esta expresión se vuelve crucial para entender el propósito de Eclesiastés.

¿Cuándo «el Predicador» dice que «No hay nada nuevo bajo el sol», está haciendo una declaración sobre la vida humana o apunta a algo más? Bien dice un comentario bíblico que «“Bajo el sol” abarca el período mientras uno está vivo y antes de que uno muera. Pero hay más que eso. “Bajo el sol” no se refiere simplemente a la vida en este mundo sino a la vida en un mundo que ha sido afectado negativamente por la caída».[2]

La conclusión a la que «el Predicador» llega es que el resultado de todo esfuerzo en esta tierra, el fin de todo placer terrenal es una lamentable insatisfacción. Nuevamente, ¿dónde está la esperanza?

Voltea a Jesús

Eclesiastés se construye a partir del contexto de una vida sin Dios, y por lo tanto, carente de significado y deleite. Y ahí es cuando la esperanza comienza a brillar. No cabe duda que a causa del pecado vivimos en un mundo lleno de lamento, tristeza y desesperanza, pero Eclesiastés nos muestra que fuimos creados para cosas mayores. ¿Te has preguntado por que nada de este mundo puede llenarte? ¡Porque no fuiste creado para este mundo!

Ahí es cuando Eclesiastés nos lleva a voltear a Jesucristo, el rey de toda esperanza. Dios no nos quiso dejar en el lamento y el vacío que experimentó Salomón, él envió a su Hijo unigénito para que a través de nuestra relación con él no solo tengamos salvación, sino la plenitud de nuestra alma. La vida cristiana es una vida de gozo a pesar de las pruebas. Bien dijo Pablo: «Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo» (Romanos 15:13, NVI).

La esperanza de Eclesiastés es que nos lleva a reconocer que no fuimos creados para los placeres de este mundo y que nuestra vida alcanza propósito y plenitud hasta que estamos a los pies de Jesús.

[1] Sartre, Jean-Paul El ser y la nada. Nueva York, 1956. Biblioteca de Filosofía, Inc.

[2] Sproul, R.C. La Biblia de Estudio de la Reforma. California, 2020. Ligonier Ministries y Poiema Publicaciones P. 1031.

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