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Mamás ejemplares de la Biblia

El mes de mayo es un mes especial, porque en muchos países se celebra el Día de las Madres. Y si bien ellas merecen ser honradas y celebradas todos los días, es bueno dedicar un día para hacer memoria de todo lo que hacen por nosotros.

«Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada;

Y su marido también la alaba:

Muchas mujeres hicieron el bien;

Mas tú sobrepasas a todas».

(Proverbios 31:28-29 RVR1960)

¡No hay palabras que expresen el amor, el sacrificio, la entrega y la fortaleza de estas mujeres ejemplares! Si bien siempre estaremos en deuda con ellas, queremos honrarlas a través de este recuento de algunas mujeres ilustres de la Biblia que nos han enseñado grandes cosas acerca de la vida y de la fe.

Ana, la madre de Samuel

Esta mujer nos enseñó a derramar nuestro corazón delante de Dios. Ella se presentó delante de Dios con emociones transparentes y fue oída por el Señor. Ana también nos enseñó que aun lo que más anhelamos en la vida debe de ser rendido a los pies de Jesús. ¡Cuánto anhelaba un hijo y estuvo dispuesta a rendirlo al Señor!

«Este es el niño que yo le pedí al Señor, y él me lo concedió. Ahora yo, por mi parte, se lo entrego al Señor. Mientras el niño viva, estará dedicado a él». Entonces Elí se postró allí ante el Señor» (1 Samuel 1:27-28, NVI).

Jocabed, la madre de Moisés

¡Que difícil ha de ser desprenderse de un hijo! Y Jocabed lo tuvo que hacer dos veces. Primero para preservar la vida del bebé Moisés, después del terrible decreto del Faraón. Y segundo, al ser llamada como nodriza, tuvo que desprenderse de su hijo después de haberlo criado. Ella nos enseñó que una mamá es capaz de hacer cualquier cosa con tal de salvar la vida de su hijo. Mediante este acto valiente y complicado a la vez, Dios estaba obrando de manera soberana para cumplir sus propósitos en la nación de Israel. Hoy recordamos a Moisés como uno de los héroes de la fe, pero su mamá jugó un papel fundamental en su preservación y crianza.

«La mujer quedó embarazada y tuvo un hijo, y al verlo tan hermoso lo escondió durante tres meses. Cuando ya no pudo seguir ocultándolo, preparó una cesta de papiro, la embadurnó con brea y asfalto y, poniendo en ella al niño, fue a dejar la cesta entre los juncos que había a la orilla del Nilo» (Éxodo 2:2-3, NVI).

Elisabet, la madre de Juan el Bautista

Elisabet no podría tener hijos, pero fue visitada por un ángel de Dios, anunciándole que tendría un varón llamado Juan, quien sería un gran instrumento de Dios. Ella nos enseñó que para Dios no hay nada imposible. También nos da una gran lección en tiempos de tanta competencia, al reconocer humildemente que el fruto de su pariente, María, era el Señor y mayor que su mismo hijo, a pesar de que también a ella se le dijo que su hijo sería grande entre los hombres.

«Tan pronto como Elisabet oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre. Entonces Elisabet, llena del Espíritu Santo, exclamó: —¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el hijo que darás a luz! Pero ¿cómo es esto, que la madre de mi Señor venga a verme? Te digo que tan pronto como llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de alegría la criatura que llevo en el vientre. ¡Dichosa tú que has creído, porque lo que el Señor te ha dicho se cumplirá!» (Lucas 1:41-45. NVI).

María, la madre de Jesús

No podemos dejar de mencionar a María, la madre del Señor. ¡Qué ministerio tan privilegiado y a la vez tan complicado! A ella le tocaría lidiar con los comentarios de las personas que no entenderían que el fruto de su vientre había sido concebido por el Espíritu Santo. También le tocaría ver a su hijo crucificado. Ella estuvo dispuesta a obedecer y ser un instrumento para los propósitos de Dios sin importar que esto involucrara mucho sufrimiento. Además, qué tarea tan difícil criar al Mesías, en la que ella debía ejercer autoridad y al mismo tiempo rendir adoración al Dios encarnado. María es un ejemplo de fiel servicio a los propósitos eternos de Dios.

«—Aquí tienes a la sierva del Señor —contestó María—. Que él haga conmigo como me has dicho. Con esto, el ángel la dejó» (Lucas 1:38 NVI).

Hoy honramos a todas las mamás, que como estas mujeres de la Biblia, han respondido al llamado de ser un instrumento en las manos de Dios. ¡Gracias por tanta entrega, tanto sacrificio y tanto cariño!

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