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¡Enciende tu lámpara!

Hoy contaré la historia de Saúl. No, no el rey de Israel, sino una persona contemporánea que ha traído mucha bendición a la vida de muchas personas, tal vez la tuya y no lo sabías hasta hoy.

Cuando Saúl tenía escasos cinco años, su papá abandonó a la familia (madre y tres hermanos) por un lío de faldas, y se fue a vivir con otra mujer. Los primeros dos o tres años después del abandono, los visitaba de vez en cuando, algunas veces trayendo zapatos, algunas ropa y dulces para él y sus hermanitos. Un detalle que siempre marcaba esas visitas esporádicas era que siempre llegaba totalmente ebrio.

Para ayudar a sacar adelante a su familia, a Saúl le fue necesario trabajar y estudiar a la misma vez desde los seis hasta los 15 años. Durante ese tiempo se desempeñó en distintos empleos: vendió churritos con salsa picante (una botana de maíz frito muy popular en México) paletas, semillas de calabaza, fue «recogebolas» en el frontón, ayudante de albañil con su abuelo paterno y despachador de una tienda de alimentos, hasta llegar a la oficina de CanZion en Durango, unos meses antes de cumplir los 15 años de edad. En cada trabajo, al recibir su salario, este muchachito llevaba siempre todo el dinero a su mamá.

Tristemente, la ausencia de su padre fue una característica de todo ese tiempo. Durante su boda, como era de esperar, su padre no hizo acto de presencia, a pesar de haber recibido la invitación.

Cierto día le pregunté: «Saúl, ¿recuerdas el cariño afectivo de tu padre?». «No; no recuerdo que me lo haya dado», fue su respuesta. «De adolescente o de joven, ¿has recibido alguna clase de ayuda de parte de él?». «No», contestó. «¿Guardas resentimiento en tu corazón por el abandono sufrido?». «Realmente, no. De hecho, nunca lo he culpado por alguna meta no lograda; los errores que he cometido han sido por mi culpa».

Me da gustó que no reprochara la actitud de su padre en el tiempo pasado, porque entonces él estaría en peligro de cometer los mismos errores.

Hablo de Saúl Morales, un compositor al que Dios ungió y levantó por honrar a su padre a pesar de todo. Probablemente tú llegaste a escuchar —o más aún, a cantar— alguna de sus composiciones: «Mi alma anhela estar», con Jaime Murrell; «Alcanzado a las naciones», con Roberto Torres; «Mas que palabras», «Amante de ti», «Tú, Cordero de Dios» o «Tu mirada», con Marcos Witt. Esas canciones han bendecido al cuerpo de Cristo en toda América Latina. Por cierto, esta última es su canción más conocida, que ha sido interpretada por diferentes salmistas como Danilo Montero, Jesús Adrián Romero o Evan Craft, y de la que se han grabado múltiples versiones inclusive en portugués.

Si vives o has vivido un ambiente adverso en casa, si tu experiencia familiar es una que lamentas más que apreciarla, ya no te martirices buscando argumentos para tener resentimiento contra tus padres; busca las acciones buenas que ellos han hecho y permite a Dios usarte para que tu hogar sea edificado en la Roca firme de la vida.

No te avergüences de presentarlos a tus amigos, ni por su nivel social, ni aun por sus oficios laborales. Una mujer comentaba que su padre era barrendero y si bien algunas personas consideran que este trabajo es muy humilde, ella opinaba que la persona encargada de recoger la basura es muy superior a aquella que la arrojó.

Termino con la siguiente historia: un hombre compró un boleto para viajar en una diligencia. Había boletos de primera, de segunda y de tercera clase. Pero cuando fue al coche, vio que todos estaban sentados juntos, sin ninguna diferencia. La diligencia partió y al poco tiempo se detuvo al pie de una colina que debía subir. Entonces el cochero gritó: «¡Pasajeros de primera, permanezcan sentados! ¡Pasajeros de segunda, salgan y caminen! ¡Pasajeros de tercera, vengan atrás y empujen!».

En tu hogar no hay lugar para pasajeros de primera clase, hijos que piensan hacer su vida hogareña muy cómoda. Tampoco hay lugar para pasajeros de segunda, que son transportados la mayor parte del tiempo y cuando tienen que ayudar lo hacen para sí mismos, sin velar por los demás. Tú debes ser pasajero de tercera, listo para bajarte del coche y empujar bien fuerte con el resto de tu familia. Mira lo que dice Salomón al respecto de hijos que no aman a sus padres: «Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa» (Proverbios 20:20).

No vivas es oscuridad tenebrosa. ¡Enciende tu lámpara!

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