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Cómo «gastar» el tiempo

¿Alguna vez has escuchado la historia de la rana hervida? Trata acerca de una rana que se metió a nadar a una olla. Pronto, alguien encendió el fuego bajo la olla y a pesar de las advertencias de sus amigos que veían el peligro, la rana seguía nadando pues estaba muy cómoda en el agua. Cada vez el agua comenzó a sentirse más caliente, pero ella no se daba cuenta porque la temperatura subía muy gradualmente, hasta que terminó cocida.

Cuando era pequeña, muchas veces escuché esta historia, tantas que a veces al bañarme y estar ajustando la temperatura del agua, recuerdo a la rana hervida, que no se dio cuenta del problema en el que estaba metida por no poner atención. Hace poco comencé a pensar en esta historia en relación a un problema más grave, la iglesia. Al crecer en el camino del Señor, muchas veces comenzamos a escuchar historias de tiempos mejores.

Quizás pertenecemos a una iglesia que haga una reunión de oración una vez por semana y nos encontremos con alguien entre los mayores de la iglesia que tendrá historias de tiempos en los que la oración era todos los días, y en la madrugada, y lo hacían con el gozo de cada semana ver respuestas de parte de Dios. Este es sólo un ejemplo, pero hay muchas cosas en que cristianos mayores recuerdan un cristianismo apasionado por el Señor que hoy en día no ven siempre. En parte, puede ser una manera en la que idealizan su juventud, pero en parte puede ser que como la rana hervida, en lo individual y como generación, poco a poco nos alejemos del Señor sin darnos cuenta.

Un enfriamiento gradual

Muchas veces he escuchado a cristianos decir que es importante seguir creciendo en el Señor, buscándolo en oración y en su Palabra, pues nuestra relación con Dios, como cualquier otra, cuando la descuidamos, no se estanca, sino que comienza a caminar para atrás. ¿No te ha pasado alguna vez que dejas de hablar con algún amigo o familiar por meses o años y al tratar de volver a esa relación, en vez de sentir que la continúas donde la dejaste, más bien parece ser que ya no tienes nada en común con esa persona? O al menos es más difícil volver a restablecer las costumbres y los temas de conversación, pues ya no estás tan familiarizado con la vida de esa persona, ni con las cosas que normalmente le gusta hacer.

Lo mismo pasa con el Señor si no lo buscamos cada día y lo necesitamos cada día más, en vez de que vaya aumentando nuestra necesidad por él, cada vez sentiremos que lo necesitamos menos y que podemos sobrevivir bien sin su ayuda; comenzamos a acostumbrarnos a una vida que no busca del Señor. Esta es una situación muy peligrosa en la que yo no quisiera estar, ya que muchas veces funciona como la historia de la rana, de manera muy gradual, sin darnos cuenta, poco a poco dando pasos hacia atrás.

Tiempo de calidad

Crecer en las cosas de Dios depende de muchos factores, pero me he convencido con la experiencia que uno de los más importantes es el tiempo. De igual manera, como en cualquier otra relación, entre más tiempo pasemos con una persona, más íntima será nuestra relación y más amor y cariño iremos teniendo. Sería difícil tener una relación muy íntima con alguien a quien nunca vemos o con quien nunca hablamos. Gran parte de nuestro crecimiento en las cosas del Señor depende de lo que decidimos hacer con nuestro tiempo y qué cantidad del mismo decidamos entregarle cada día. Entre más tiempo pasemos con Dios, más iremos teniendo la habilidad de salir de la comodidad de nuestra olla para encontrarnos con él más seguido, para aprender y escuchar más de él, y para lograr mayores cosas para su reino.

Hace poco leía un artículo que hablaba acerca de enseñar a los niños desde temprana edad sobre la administración de sus tiempos, y mencionaban que los niños que mejor logran administrar su tiempo normalmente son más felices. Por ejemplo, si logras que un niño termine la tarea en una hora sin tener que pasar largo tiempo pensando en ella y en cómo no la ha terminado, procrastinando con juegos y distracciones, podrá despejar su mente rápidamente y pasar más tiempo haciendo las cosas que más le gustan y que considera más valiosas. Como adultos, siempre tendremos quehaceres y deberes, pero si logramos planear y administrar nuestro tiempo correctamente y aprendemos a dedicarle a Dios el que le corresponde, seremos las personas más felices (además de eficientes), pues estaremos dedicando tiempo principalmente a lo que sabemos que verdaderamente vale la pena, a lo que será nuestro gozo, y a la vez evitaremos sentirnos culpables o alejados de Dios.

¿Quién no estaría satisfecho sabiendo que está «gastando» su tiempo en lo más valioso e importante en que puede invertirlo? Consideremos esto en nuestro estilo de vida y sin duda veremos grandes cambios que nos llevarán a una vida más plena en el Señor.

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