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Imposible de medir

¿Cuál es la medida de nuestra estatura? Posiblemente estemos por debajo de 1.70 centímetros, tal vez estemos dentro del promedio latinoamericano de 1.75, quizás tengamos la altura deseada de 1.80, o seamos verdaderamente altos con 1.90 centímetros de estatura. El libro de Récord Guinness registra a Robert Wadlow como el hombre más alto de la historia con 2.72 metros de altura; si nos comparamos con él, desde luego nos sentiremos pequeños. La realidad es que eso es lo que somos, seres humanos que viven en un planeta de 6,371 kilómetros de diámetro, en el que hasta el gran Robert no es más que una diminuta mancha que se mueve en Google Maps.

A pesar de ser más grande que Mercurio, Marte y Venus, la Tierra es más pequeña que Neptuno y Urano, es seis veces más pequeña que Saturno y onces veces menor en tamaño en relación con Júpiter. ¿Y qué decir con respecto al Sol? Alrededor de 1,300,000 planetas Tierra cabrían dentro de él. Y eso es sólo en nuestra galaxia, la cual tardaríamos 100 mil años en recorrer de un extremo al otro… sin olvidarnos de que la Vía Láctea no es el fin del universo, sino que millones de galaxias nos demuestran que existe un Creador que es imposible de medir, pero que limitamos en nuestra mente.

Grande, grandísimo

En la Biblia hay 15 versículos que animan a amar a Dios, pero son 45 los que invitan a temerle. Salmos 25:14 dice: «La amistad íntima con Dios es para los que le temen» y esto no tiene nada que ver con el miedo, sino con reconocer su grandeza. Muchas veces llamamos al creador del universo con diminutivos como «Diosito» como si fuera un osito de peluche, ignorando que es un león indomable, así como lo describe C.S. Lewis en Las Crónicas de Narnia: «Si hay alguien que pueda presentarse ante Aslan sin que le tiemblen las rodillas, o es más valiente que nadie en el mundo, o es, simplemente, un tonto». El autor no presenta a un Dios malvado, nos muestra a un rey peligroso, pero bueno.

Salmo 147:4 dice que «Dios cuenta el número de las estrellas y a cada una llama por su nombre». Lo más sorprendente de la imposibilidad de medir la grandeza de Dios tiene que ver con su dedicación y atención a lo pequeño. Por eso el salmista se cuestionaba diciendo: «¿Qué es el hombre para que de él tengas memoria y los seres humanos para que de ellos te ocupes?».

Muy cercano

El Dios majestuoso sabe cuántos cabellos tenemos en nuestra cabeza y ni uno solo de ellos se cae sin su consentimiento. Solamente cuando vemos su grandeza, lo temible que es y somos confrontados por su amor, misericordia y bondad, estamos listos para adorarle como él se merece, no porque necesite algo de nosotros. Él simplemente nos desea. Dios es tan grande que del aliento de su boca fueron creadas todas las cosas, pero tan cercano que se hizo pequeño como nosotros para tenernos cerca.

No pongamos nuestra confianza en seres con nuestra misma altura, no temamos a circunstancias menos temibles que él, y no vivamos como si este puntito azul en el extenso universo fuera todo lo que tenemos. Dios no nos llamó a conquistar algo que ya le pertenece (Hageo 2:8). La Biblia dice que él es el dueño del oro y de la plata, pero ese Dios sin medida sí nos ha llamado a ser parte de un plan que es más grande que la Tierra con todo y sus 6.371 kilómetros de diámetro. El mundo de cada uno de nosotros terminará algún día. Por mucho que resistamos, viviremos máximo 105 años y lo único que quedará será lo que hayamos hecho para él.

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