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El llamado

¿Alguna vez has escuchado que para conocer tu llamado hace falta saber qué te duele? Me ha tocado escucharlo algunas veces. ¿Qué quiere decir esta frase? Dios nos ha creado a todos distintos, con diversas experiencias e intereses. Hay quienes su personalidad o sus vivencias los llevan a preocuparse y a orar por las personas en situación de calle. Otros se preocupan por las viudas, por los huérfanos o por los enfermos. Hay muchos tipos de prójimo por los cuales velar.

Por ejemplo, yo tengo una tía que enviudó muy joven. Esto la llevó, a lo largo de su vida, a buscar conversaciones con mujeres recién enviudadas y apoyarlas a llevar su proceso en Cristo. Que ellas pasaran por eso le dolía, pues era un tema cercano a su corazón, y ella no quería que nadie más atravesara por el dolor que ella sufrió. Al menos no de la misma manera y sin acompañamiento.

A esto se refiere la frase que dice que lo que te duele define tu llamado. Mi tía tiene un llamado a ayudar a las mujeres viudas por haberlo sido ella misma. Y así cada uno tenemos algo en lo que somos buenos. Algo que hemos vivido o que define nuestra personalidad y que el Señor desea usar. Además, si lo ejercemos, puede apasionarnos grandemente en servicio a los demás.

Oración por un pueblo

Recientemente pensé en esto cuando leí el libro de Daniel y llegué al capítulo 9. En este pasaje, Daniel habla sobre haber leído y entendido que se acercaba el tiempo en que terminaría la desolación que había profetizado Jeremías y que en ese momento estaban viviendo. Dice Daniel que ver esto en las Escrituras lo puso a orar, ayunar, vestirse de luto y sentarse sobre cenizas.

Daniel tomó un tiempo para confesarle a Dios el pecado de Israel y suplicarle por perdón para su pueblo. «Préstanos oído, Dios nuestro; abre los ojos y mira nuestra desolación y la ciudad sobre la cual se invoca tu nombre. Al hacerte estas peticiones, no apelamos a nuestra rectitud, sino a tu gran misericordia. ¡Señor, escúchanos! ¡Señor, perdónanos! ¡Señor, atiéndenos y actúa! Dios mío, haz honor a tu nombre y no tardes más; ¡tu nombre se invoca sobre tu ciudad y tu pueblo» (Daniel 9:18-19, NVI).

Si lees todo el pasaje y la oración completa de Daniel, puedes ver que hay un genuino fervor por la restauración de Israel y el templo de Dios. Esto es algo que apasionaba a Daniel y lo llevaba a buscar la voluntad de Dios.

Mientras leía esta oración pensaba en cómo es tan difícil hoy en día encontrar a un creyente con una fe tan apasionada o con una oración tan fervorosa como la que encontramos en ese pasaje. Nos cuesta cumplir la voluntad de Dios porque no nos apasionan los deseos del Padre. A veces nos hace falta escuchar su voz sobre lo que ha puesto en nuestro corazón, sobre aquello que nos duele.

Un llamado para todo creyente

Así como Daniel, todos tenemos un llamado para orar, para interceder y para actuar sobre aquellos que lo necesitan. El Salmo 95 habla acerca de cómo el pueblo de Dios, a pesar de haber visto tantas maravillas, endureció su corazón y se alejó del Señor.

El llamado que él nos hace el día de hoy es a no hacer lo mismo, sino a volvernos a él. A escuchar lo que a través de su Espíritu pone en nuestro corazón y actuar al respecto. Usar las cosas que nos duelen para interceder con pasión, para hacer buenas obras y para hacer avanzar el reino de Dios en la tierra. Así, al honrarlo de esa manera, estaremos cumpliendo nuestro llamado.

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