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¿Qué hacer cuando no deseo buscar a Dios?

No es ninguna novedad que las personas que no creen en Dios carecen de un deseo por él, pero ¿qué pasa cuando después de haber tenido un encuentro con Cristo experimentamos temporadas donde nuestro deseo por buscar a Dios se ve disminuido? Muchas preguntas pueden venir a nuestra mente: ¿Se habrá olvidado de mí? ¿Me podrá perdonar por esto? ¿Me rechazará para siempre por lo que estoy sintiendo? ¿Seré un creyente verdadero?

¿Puede un cristiano experimentar falta de deseo de Dios?

Si somos honestos, la pregunta no es si podemos sino cuándo lo enfrentaremos. ¿Has deseado alguna vez más una serie de Netflix que leer la Biblia? ¿Te ha provocado pereza el orar? ¿Has mirado al reloj deseando que llegue la hora para que se termine el servicio dominical? Todos hemos enfrentado luchas en nuestra relación con Dios, y más en este tiempo de pandemia, en el cual nuestras disciplinas espirituales se vieron afectadas por los cambios.

Como creyentes sí podemos tener falta de deseo de Dios, pero lo que definitivamente no podemos es permanecer indiferentes ante dicho sentimiento. A continuación, tres consejos que te ayudarán a salir de este estado para recuperar tu relación viva con Dios, que puedas disfrutar.

No te condenes

En medio de toda difícil situación debemos recordar que «ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús» (Romanos 8:1, NTV). En ese mismo capítulo, Pablo expresa una de las promesas más hermosas de toda la Biblia: ¡nada nos separará del amor de Dios!

«¿Acaso hay algo que pueda separarnos del amor de Cristo? ¿Será que él ya no nos ama si tenemos problemas o aflicciones, si somos perseguidos o pasamos hambre o estamos en la miseria o en peligro o bajo amenaza de muerte?… Y estoy convencido de que nada podrá jamás separarnos del amor de Dios. Ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni demonios, ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana. Ni siquiera los poderes del infierno pueden separarnos del amor de Dios. Ningún poder en las alturas ni en las profundidades, de hecho, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestro Señor» (Romanos 8:35, 38-39, NTV).

El amor de Dios es tan grande que, aunque el nuestro se debilite, ¡su amor por nosotros no cambia! 

Comparte tu lucha

Debemos entender este estado como una lucha espiritual y Dios no nos hizo para luchar solos. Rinde cuentas, confiésale tu situación a alguien maduro en Cristo. Esta persona te alentará, consolará, confrontará y aconsejará. Los hermanos en Cristo suelen ser pieza clave en los cambios beneficiosos para nuestra relación con Dios. 

Busca aun en sequedad

Nuestra vida no es determinada por las emociones que sentimos. Persiste en buscar a Dios, aunque no sientas el respaldo de tus sentimientos. Piensa en esos tiempos de búsqueda como si fueran golpes a una pared, al principio no logras ver nada, luego una pequeña grieta, luego un hueco, hasta que de pronto ves la muralla desmoronarse. El salmista, cuando se encontraba en tierra seca y árida, buscó al Señor con la confianza de que esos tiempos de alegría en su presencia volverían una vez más a su vida: «Oh Dios, tú eres mi Dios; de todo corazón te busco. Mi alma tiene sed de ti; todo mi cuerpo te anhela en esta tierra reseca y agotada donde no hay agua. Te he visto en tu santuario y he contemplado tu poder y tu gloria» (Salmos 63:1-2, NTV).

Nuestra oración y el deseo de nuestro corazón es que este y otros recursos de CanZion sean de bendición y ayuda para avivar tu corazón por Dios. ¡Ánimo! Mejores cosas vienen.

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