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La prueba de un cristianismo auténtico

Si hoy colocas delante de mi dos relojes, un Rolex original de miles de dólares, y otro muy parecido pero imitación o «clonado», lamento decirle que difícilmente notaría la diferencia. Esto se debe a que jamás en mi vida he tenido un Rolex y honestamente no soy muy amante de los relojes. Por otro lado, ¡sé de algunos que en segundos notarían la diferencia, por más buena que fuera la imitación!

Así como el mundo está lleno de falsas imitaciones en todos los ámbitos comerciales, hoy debemos de tener mucho cuidado con las representaciones apócrifas del cristianismo. La única manera de no caer en lo falso es conocer profundamente lo auténtico. ¡Gracias a Dios que alumbra nuestros ojos con la verdad de su Palabra!

El apóstol Juan en el capítulo 2 de su primera epístola, nos muestra una triple prueba del cristianismo auténtico, la cual presento a continuación:

  1. La prueba moral

«Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos.  El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él» (1 Juan 2:3,4 RVR1960).

El cristianismo puede resumirse en dos palabras: ¡vidas transformadas! Es imposible tener un encuentro con Jesús y no ser radicalmente renovado. Cambia nuestra forma de pensar y de actuar. Ahora obedecemos los mandamientos de Dios, no en un sentido religioso o legalista; el deseo de obedecer y agradar a Dios proviene de la nueva naturaleza dada por el Espíritu Santo, quien mora dentro de nosotros y nos concede la gracia para caminar conforme a su voluntad.

Si no hay un deseo de guardar los mandamientos de Cristo, si cuando caemos en pecado, no hay el mas mínimo pesar por haber ofendido a Dios, el apóstol Juan afirma que el cristianismo que profesamos carece de autenticidad.

  1. La prueba social

«El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo» (1 Juan 2:9,10, RVR1960).

Cuando nacemos de nuevo no solo cambia nuestra forma de pensar y actuar, nuestra forma de relacionarnos también es radicalmente transformada. Antes reinaban los pelitos, la codicia y las enemistades porque estábamos dominados por el egoísmo y el orgullo. Ahora el amor de Cristo nos domina, y a pesar de que seguimos luchando con conflictos interpersonales, siempre buscaremos que reine la paz y el amor entre los hermanos.

Hay personas que dicen: «Yo amo a Dios pero no necesito relacionarme con la iglesia». Esta es una idea completamente incongruente, ya que de acuerdo a la enseñanza del apóstol Juan, nuestro amor por Dios se ve reflejado en nuestro amor por los hermanos.

  1. La prueba doctrinal

«Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros… No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad. ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre». (1 Juan 2:18-23, RVR1960).

Por último, la fe auténtica se manifiesta cuando abrazamos la verdad de la Palabra hasta el final. En los tiempos del apóstol Juan, muchos profesaron su fe en Jesús para después negar verdades esenciales acerca del evangelio, de la naturaleza de Dios y de la fe misma. Juan es claro, «todo aquél que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre». Cualquier persona cuyas enseñanzas sean contrarias a la revelación de la Biblia pone en evidencia que la fe no es auténtica. En otras palabras similares, Pablo enseña a la iglesia de Galacia lo siguiente: «Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gálatas 1:8, RVR1960).

Después de haber repasado cada una de estas pruebas, ¿quedó demostrado que tu cristianismo es auténtico? Si tu respuesta es «sí», ¡gloria a Dios! Permanece en Jesús y en su Palabra. Si tu respuesta es «no», ¡hay gracia y misericordia para los que nos arrepentimos y creemos de todo corazón! Entregarle tu vida a Cristo será la mejor decisión que podrás tomar. 

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Comments

  1. De verdad doy gracias a Dios por esa enseñanza porque aveces olvidamos lo que en verdad es tener un cristianismo verdadero! Y no ser unos religiosos mas! Porque no es solo ir a la iglesia, es seguir y obedecer a Dios en toda su plenitud

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