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Lágrimas valiosas

Hay frases pequeñas o cortas que tienen la capacidad de contener tanto en sí mismas y esta es una de ellas. Sí, como si fuera un océano dentro de una taza de café. Hay verdades tan grandes, tan profundas, tan sublimes dentro de una frase de cuatro letras y veinte palabras: «Dichosos los que lloran». Esta declaración de Jesús a simple vista aparenta ser una incoherencia. ¿Felices los que lloran? ¿No es lo opuesto, no debería ser «dichosos los que ríen»? Veamos un poco más de cerca las verdades asombrosas que se encuentran en esta bienaventuranza.

El lamento temporal que acabará en gozo interminable

El llanto es la expresión de un lamento, pero cabe aclarar que no todo lamento acabará en felicidad. Para ilustrarlo, permíteme compartir una historia:

En una ocasión, un joven se me acercó al finalizar el servicio de domingo. Él estaba completamente aterrado, notablemente preocupado y profundamente afligido. Acababa de cometer un pecado que podría tener consecuencias significativas a corto plazo. Me preguntó: «¿Tengo perdón de Dios?». «¡Por supuesto!», le contesté. A partir de ese momento tomé el compromiso de pasar tiempo constantemente con el joven para exponerle el evangelio y apoyarlo en su restauración. Lamentablemente, cuando él se dio cuenta que la consecuencia que temía no sucedió, perdió completo interés por buscar a Dios a través del discipulado.

¿Qué era lo que afligía a este joven? Definitivamente no fue el haber ofendido a Dios. Hay quienes experimentan el llanto del remordimiento por temor a las consecuencias inmediatas de sus acciones, pero no hay pesar por haber obrado en contra de la voluntad de Dios. ¿Cuáles son, entonces, las lágrimas que recibirán la promesa de la consolación? ¿Cuáles son las valiosas lágrimas que terminarán en gozo interminable? Son aquellas que provienen del lamento del corazón por haber ofendido a Dios. ¡Son las lágrimas del rey David! Después de cometer adulterio con Betsabé, su mayor pesar no fueron las consecuencias inmediatas con relación a su reinado, influencia, economía o fama. Su mayor pesar eran las consecuencias que sus acciones podrían causar sobre su relación con Dios.

La promesa de la consolación

El apóstol Pablo lo expresa de la siguiente manera en 2 Corintios 7:10 (NVI): «La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación…». Estas lágrimas tienen fecha de vigencia, conducen a un camino: ¡la salvación! ¿Recuerdas lo que comentamos al principio? Esta pequeña frase contiene verdades asombrosas. Anuncia la promesa de la vida eterna. La visión de Juan en Apocalipsis nos muestra este cuadro maravilloso, cuando por fin estemos en la presencia de nuestro Dios: «…Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir» (Apocalipsis 21:3b-4 NVI).

Hay tantas cosas que decir acerca de estas lágrimas valiosas, lágrimas que nos muestran el corazón compasivo de un Dios lleno de amor, lágrimas que corren por mejillas que serán tocadas por el mismo Jesucristo, lágrimas que nos permitirán escuchar: «Tranquilo hijo(a) mío(a), todo estará bien. Has llegado a casa».

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