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Cambiemos el mundo

El mundo es tan grande y nosotros tan pequeños, que cuando pensamos en el impacto que podemos causar en la tierra, simplemente nos sentimos incompetentes. Pensar en nuestra capacidad limitada nos desalienta a la hora de buscar un cambio significativo a nuestro alrededor. Reconozco que muchas veces yo he pensado de esta manera, quizás a ti también te ha pasado igual, inclusive pudiste haber leído el título de este artículo y pensaste: «¡Que frase tan más trillada y vacía!»

Recientemente escuché la canción «Cambia el mundo» de Coalo Zamorano y debo decir que una de las estrofas francamente me impactó. El verso dice así: «Yo le dedico hoy, esta, mi canción, al que lejos está y dejó todo atrás para luz llevar a la oscuridad, para esperanza dar a la humanidad». Esto me recordó una gran verdad. Mientras yo me cuestiono, ¡hay personas anónimas que están cambiando el mundo! Claro que hay un precio que pagar y ellos han estado dispuestos. Jesús dijo: «De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto» (Juan 12:24 RVR1960). Martin Luther King Jr. entendió esto muy bien. Él estuvo dispuesto a entregar su vida por una causa, y gracias a su sacrificio, se dieron cambios gigantescos en torno al racismo y a los derechos de los afroamericanos. Él cambió el mundo.

Comencé diciendo lo grande que es el mundo a comparación de nosotros. Sin embargo, el mismo mundo es un grano de arena en comparación a la inmensidad de nuestro Dios. ¡Y él está a nuestro favor! Él nos da la capacidad de transformar nuestro entorno, de traer vida, de impactar la eternidad de las personas cuando llevamos el mensaje de Cristo a los que no le conocen. Dios no eligió exclusivamente a personas elocuentes y superdotadas para llevar a cabo su misión. La Biblia enseña que inclusive el tomó de entre lo «necio» y «débil» del mundo para transformar a la humanidad. ¡Estas son buenas noticias! Dios te puede usar a ti de manera asombrosa. En Hechos 17:6 los judíos hacen referencia a los discípulos como los «que han trastornado el mundo entero». Así como ellos, nosotros contamos con la presencia y la ayuda del Espíritu Santo.

No menosprecies el alcance que Dios te haya dado, no te compares con los demás. Recuerda que toda gran obra tuvo un comienzo pequeño. La grandeza de nuestro trabajo no se mide en términos cuantitativos sino en base a nuestra obediencia al llamado de Cristo. Imitemos el ejemplo de los misioneros, de los obreros que han dejado todo atrás y hoy están transformando vidas sin buscar una recompensa terrenal. Como dice Coalo Zamorano: «Cambia el mundo hoy, dale vida a tu alrededor, abre tus manos, tu corazón. No lo pienses más, cambia el mundo hoy».

 

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