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¡A la voz de ya!

Las estadísticas dicen que cerca de el 95% de los cristianos nunca han ganado a nadie para Cristo. Es una cifra impactante si consideramos que hemos sido llamados «la luz del mundo». Eso significa que, como tal, estamos fallando al iluminar a nuestros semejantes con la verdad de Jesucristo. A veces llegamos a creer que no somos lo suficientemente elocuentes, o que nuestro testimonio no es altamente impactante como para usarlo como forma de compartir el Evangelio a otros.

Tal vez pasamos por pruebas o hemos fracasado antes en el intento de ser luz, o tal vez es que solo somos maestros en el arte de poner excusas. Pon mucha atención al siguiente pasaje:

Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. Y Gedeón le respondió: Ah, Señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de los madianitas. ¿No te envío yo? Entonces le respondió: Ah, Señor mío, ¿con que salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. (Jueces 6:12-16)

«Jehová está contigo, varón esforzado y valiente». Gedeón contestó, entre otras cosas: «¿Me hablas a mí?, ¿yo soy varón esforzado y valiente? Bueno, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto?» El ángel no se pasó las horas dándole una explicación a cada una de sus preguntas. Al contrario, le da un mandato en el verso 14: «Ve y salva a Israel de la mano de los madianitas, ¿no te mando yo?».

Gedeón comienza a excusarse: «Mi familia es pobre, y además soy el menor de los de mi casa». Si le hubiera tocado vivir en nuestro tiempo, habría contestado: «Mi familia es de clase trabajadora; yo me ganó la vida vendiendo periódicos, limpiando los parabrisas de los coches en los semáforos, etcétera».

Al fin, luego de reconocer que su condición social no es un impedimento para ser usado por Dios, salvó a los israelitas de las manos de los madianitas y llegó a ser una gran luz para Israel en aquellos momentos tan críticos de su historia.

¡Alumbra lo que puedas!

Creo que la razón principal para no sacar nuestra lámpara y alumbrar a este mundo es que solemos pensar que nuestra luz es insignificante. «Si yo tuviera el “reflector” que tiene tal persona, entonces sí me animaría y alumbraría». Una lamparilla a veces puede hacer mucho. Se dice que el gran incendio de Chicago, en octubre de 1871, se debió a que una vaca tiró al suelo una lámpara de queroseno de una patada. Como resultado, 100,000 personas perdieron sus casas y posesiones. Que no te haga creer Satanás que si no haces cosas «grandes» no eres nada. La madre Teresa, en cierta ocasión, dijo: «Si no puedes alimentar a cien personas, alimenta a una». Tú no podrás alumbrar a todo el mundo; pero ¡alumbra lo que puedas!

Juan Wesley (fundador de la iglesia metodista) viajó más de 400,000 kilómetros a lomo de caballo haciendo un promedio de 32 kilómetros diarios, durante 40 años. Predicó 40,000 sermones. Son más de 200 obras las que escribió o ayudó a escribir (entre libros, folletos, himnos, sermones, etc.). Además, aprendió bien 10 idiomas. A los 83 años se sintió molesto porque no podía escribir más de dos veces por día. Poco después se quejó, en su diario, de que sentía cada vez más la tendencia de quedarse acostado en su cama hasta las 5:30 de la mañana.

Todo el que tenga una lámpara

Hay expresiones que solemos escuchar cada vez más seguido, y estas son: «¡El futuro de la iglesia de Cristo está en manos de los jóvenes!», «¡Los jóvenes son la fuerza futura de la iglesia!».

Yo no hablaría del futuro, diría que ¡debemos alumbrar al mundo a la voz de ya! Y en esta urgencia deben entrar no solamente los jóvenes sino también los niños, los padres de familia, los ancianos… ¡Todo aquel que tenga una lámpara!

En cierta ocasión Napoleón Bonaparte se paró delante de sus soldados y dijo: «Deseo diez hombres para que desempeñen una misión peligrosa, en la cual probablemente morirán. ¡Adelante, voluntarios!». No solamente diez hombres, sino todos, los cien que estaban allí dieron un paso al frente en respuesta a la petición de su emperador. ¿Cuántos de ustedes, jóvenes cristianos, son voluntarios para servir al Señor y dejar que Jesús brille en este mundo por medio de ustedes?

Se cuenta que Tomás de Aquino, el famoso teólogo , llegó a visitar al Papa y lo encontró contando dinero. El Papa le dijo: «Ya ves, Tomás, no podemos decir como decía San Pedro: “No tenemos oro ni plata.”» Y Tomás le contestó: «Tampoco podemos decir como dijo él: “Levántate y anda”».

Juan, Karla, Raúl, María… o como te llames: ¡Levántate, anda y… alumbra!

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