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Ante la incertidumbre, ¡corre a la cruz!

Uno de los momentos más críticos que he pasado tras el volante lo viví hace unos meses mientras circulaba por una carretera en el norte de México, en la autopista de Monterrey-Saltillo. La lluvia y la neblina se apoderaron de la autopista al punto que la visibilidad quedó completamente obstaculizada. ¡Gracias a Dios llegamos a casa a salvo! De hecho, esta carretera es famosa por accidentes de decenas de carros al mismo tiempo. Mientras manejaba entre el nerviosismo y la concentración, reflexionaba cómo —dado el entorno y las circunstancias por las que muchas veces atravesamos— no podemos evitar que, espiritualmente hablando, se nos nuble la visión.

El dolor, la duda, la fatiga y el desánimo entre otras cosas, nos pueden llevar a un punto de profunda incertidumbre, en el que no logramos ver el panorama y es difícil tomar decisiones. Estos momentos son críticos; lo más grave es que en los momentos de incertidumbre nuestra identidad queda completamente moribunda. Ya no tienes muy claro quién eres, cuánto vales y cuál es tu propósito. Nos sentimos como un pequeño y frágil bote naufragando en el embravecido mar. La buena noticia es que en medio de las olas se enciende un faro de esperanza, la luz que nos guiará de nuevo a la seguridad, la sensatez y a la vida con propósito. Ese faro de luz es la cruz.

Coalo Zamorano lo expresa de manera extraordinaria en su canción «Corro a la cruz»: «Corro a la cruz cuando no hay sentido de la vida y del dolor, la cruz me da destino. Corro a la cruz, por divina gracia y aunque no la merezco, tu cruz me da esperanza». ¡Corre a la cruz! Irónicamente, el lugar donde todos veían dolor y vergüenza, se convirtió en el lugar desde el que resplandeció nuestra salvación. El apóstol Pablo lo describe de la siguiente manera: «…El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden; en cambio, para los que se salvan, es decir, para nosotros, este mensaje es el poder de Dios» (1 Corintios 1:18 NVI)

¡El mensaje de la cruz es poder de Dios! Definitivamente a través de nuestra fe en la cruz es que recibimos la vida eterna (no hablamos de un símbolo religioso, sino de todo lo que representa la obra redentora de Cristo). No obstante, el poder de Dios para salvación va más allá. La cruz representa nuestra salvación también durante todo el recorrido de nuestra vida cristiana. Cuando mi autoestima está por los suelos, la cruz me recuerda que mi valor se encuentra en la sangre de Cristo derramada por mí. Cuando los afanes y deleites pasajeros de este mundo logran deslumbrarme, la cruz me recuerda el camino sacrificial que fui llamado a seguir. Cuando siento que las tentaciones son demasiado fuertes, la cruz me recuerda que Cristo ya venció el poder del pecado en el Calvario. En todo momento, en cada etapa, ¡corre a la cruz!

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