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¿Qué harás con tu nueva vida?

Esta semana tuve la bendición de escuchar a una persona narrar su testimonio de conversión a Cristo. Este tipo de historias, me parece, siempre son como un bálsamo que reafirma la fe de quienes las escuchan. Nos animan a seguir adelante puesto que nos recuerdan el llamado tan grande del cual somos parte. 

En esta ocasión, quien narraba su historia decía que había escuchado acerca de Dios desde su infancia, inclusive había asistido a alguna iglesia en diversas ocasiones. Sin embargo, nunca había entendido el sacrificio de Jesús. Pero, hubo un momento muy difícil en su vida y una vecina decidió visitarla para darle un mensaje de esperanza que cambió el rumbo de su vida para siempre. A partir de este momento, el evangelio se convirtió en algo real para ella.

En un abrir y cerrar de ojos

Esto me llevó a pensar en cómo una decisión, un momento, puede cambiar el curso de toda una vida. Cómo la misericordia de Dios es tan grande que nos lleva a sus pies de esta manera. ¿En qué consiste la fe? Parece algo tan simple, pero cambia las vidas de manera tan poderosa.

La Biblia nos habla sobre cómo la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11:1, RVR1960). Es una acción de parte del creyente a raíz de lo que está en el corazón de Dios. No porque lo vemos, sino porque lo sabemos con convicción.

Así mismo, la Palabra nos da una exhortación en cuanto a este tema, ¿cómo hemos de aplicar la fe?: «Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa» (Hechos 16:31, RVR1960). La fe conlleva una promesa. Es una decisión tan importante en la vida que trae consigo consecuencias sumamente poderosas y eternas.

Una decisión transformadora

Quien decide creer en Jesús, ha cambiado su vida para siempre. Ha recibido al Espíritu Santo para guiarlo en su caminar. Ha decidido también tomar un lugar por la eternidad en la ciudad de Dios. Ha recibido la vida eterna y se sentará en la mesa del Padre celestial.

Tener fe, además, nos entrega una perspectiva nueva, una en la que cada detalle de nuestra vida se convierte en algo nuevo. Desde levantarnos en la mañana, el cómo pensamos acerca de nuestros hijos, hermanos, amigos y hasta la manera en que actuamos en nuestro trabajo. Todo es transformado. A su vez, elegir esta manera de ver la vida es rechazar todas las demás. Todas aquellas en las que no hay esperanza, o la que aparentemente hay, es falsa. Creer en Cristo nos hace personas nuevas.

¡Qué bendición es meditar en la fe tan grande que nos ha salvado y en lo que Cristo ha hecho por nosotros! Espero que mientras pensamos en ello logremos sorprendernos una vez más de la sobrenaturalidad de nuestro Dios, y de la salvación tan grande que hemos recibido a pesar de la paga que merecía nuestro pecado. Es por eso por lo que, como dice la Biblia, quien confiesa con su boca y cree en su corazón para salvación (Romanos 10:9, RVR1960) recibe la libertad de todas sus ataduras. Recibe su nombre escrito en el libro de la vida. Recibe ser constituido una criatura nueva. Y tú, ¿qué harás con tu nueva vida?

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