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¿Cuánto pesas?

Creo que el principal temor de la generación de hoy no es quedarse sin WiFi…

Más bien, creo que el mayor temor de la juventud es que la vida de uno no signifique algo en este momento en la historia, que no tenga ningún impacto, y tal vez que no deje ninguna memoria en la gente en esta generación. Creo que se resume en el temor a no dejar nada de peso detrás de tu recorrido por este mundo.

Recientemente escuché a un predicador que dijo que Dios no cuenta ni mide el éxito, sino que lo pesa. Esto me recordó una parábola que Jesús narró —en Mateo 25:14-30— acerca de un hombre que recibió de su patrón cinco talentos, mientras que el patrón entregó a otro hombre dos talentos y finalmente, a otro, un solo talento. La idea era que, en ausencia de su jefe, todos trabajaran esos talentos para multiplicarlos y rendirle buenas cuentas a su regreso.

(Por cierto, el talento era una unidad griega de medida que equivalía a 34 kilos o 75 libras de plata, es decir, no era un costal de talentos lo que les entregaban, sino que el talento se usaba para pesar la plata que se entregaba. Era como una pesa de una balanza. Un equivalente también puede ser algo así como ¡156,000 dólares! Bastante dinero, si me preguntas).

En la parábola, de estos tres individuos, solo dos trabajaron esos talentos durante el viaje de su patrón, negociando con ellos y consiguiendo aumentar la cantidad bajo su administración. Lo que encuentro sumamente interesante es que Jesús en su parábola no definió a la persona que terminó con diez talentos como más exitosa que la que terminó con cuatro, porque los dos duplicaron lo que se les había dado.

Trasladando esta enseñanza a la vida cristiana… hay gente que en su contexto predica el Evangelio de Jesucristo probablemente a cientos de miles de personas, incluso a millones de personas, y hay gente que predica tan solo a cinco personas. Delante de nuestros ojos —nuestra perspectiva humana— pudiera parecer que los primeros son más eficientes y más exitosos, y tendemos a reconocerlo así. Pero de acuerdo a lo que Jesús nos enseñó en la parábola de los talentos, ese no es el sistema de medida que Dios tiene: Él mide tu éxito conforme a tu capacidad.

Hallo eso en cierta forma sorprendente, en cierta manera lógico, y en otra manera, ¡muy liberador! No tengo que aspirar a lograr lo que otras personas con diferentes capacidades han logrado. Tengo que aspirar a administrar eficientemente lo que Dios me dio a mí. Creo que tenemos bastante con eso en la bolsa para querer andar mirando lo que otros logran.

Si deseas tener una perspectiva correcta de lo que te corresponde hacer para Dios y vivir sin condenarte por tus resultados, mi consejo es que te propongas llevar a otro nivel lo que tienes —talentos naturales, dones espirituales, capacidades— y que seas fiel en lo que él te ha dado, porque ya sea que estés frente a millones de personas o frente a cinco, para Dios tu éxito pesa lo mismo.

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