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A los cansados de esperar

¿Alguna vez has esperado una promesa de parte de Dios pero no ves cercano su cumplimiento? Hay quienes por años esperan un empleo, un hijo, salud, la salvación de un familiar y muchas otras cosas importantes; pero, al esperar, no ven a Dios moverse. Quizás oran día tras día y no ven la diferencia. Y justo cuando las circunstancias indican que recibirán una respuesta pronto, resulta que no es así. ¡Pudiera ser que incluso parezca que todo va peor!

Algo similar sucedió recientemente en mi ciudad. Nos encontrábamos frente a una gran sequía. Las presas se encontraban ya vacías y el gobierno comenzó a realizar cortes en el suministro de agua potable por horas en las distintas zonas. Me sentía como Elías orando por una pequeña nube y declarando que de esa pequeña nube pronto vendría el agua. Sin embargo, no llegó. En ocasiones venía un viento recio y se llenaba de nubes el cielo y decíamos: «¡Este es el momento!». Pero no sucedía nada… excepto un incendio forestal.

Esperar el socorro de Dios

Los israelitas también se sintieron así alguna vez. Moisés llegó con un plan para salvarlos del faraón. Les explicó detalladamente lo que había escuchado de Dios y cómo él los libraría y los llevaría a una tierra prometida. Pero quizás no se imaginaban que costaría tanto trabajo. Quizás pensaron que era simplemente cuestión de que Moisés hablara con el faraón, manifestara el poder de Dios y ¡listo!, ¡todos libres!

Pero no fue así. Cuando Moisés fue a hablar con Faraón, éste pensó que los israelitas eran perezosos y habían inventado una argucia para dejar a un lado su trabajo. Pensó que seguramente por eso querían salir a adorar a Dios al desierto. El Señor había endurecido su corazón. Por lo tanto, no solamente no los dejó ir sino que pidió a los capataces que ya no les proporcionaran paja para hacer los ladrillos, sino que la fueran a recoger ellos mismos, sin bajar la cantidad de ladrillos diarios que debían entregar.

Los israelitas solo veían lo que estaba pasando en ese momento. No veían más adelante como Dios. Su primer pensamiento fue algo así como: «¡Qué has hecho, Moisés! ¡Empeoraste todas las cosas! Así estábamos bien. Esclavos, pero al menos no tan mal». Parecía que Dios les había prometido una cosa pero había hecho justo lo contrario.

Recibir una patria mejor

Yo me identifiqué mucho en esta ocasión al leer esta historia. Pues recientemente había pasado algo en mi vida personal y yo pensaba que Dios me había sacado de un lugar bueno para ponerme en uno peor. Pero después entendí que no tenía toda la información como Dios la tiene y que él sabe lo que hace con mi vida. Es cuestión de fe.

Finalmente, Dios liberó a los israelitas con obras tan portentosas que hasta los egipcios vieron —y vivieron en carne propia— el poder del Señor. Muchos llegaron también a temer al pueblo de Israel y a su Dios. Él tenía un propósito para ese tiempo. 

¿Qué hizo Dios con su pueblo cuando fueron liberados? Les pidió que perpetuamente recordaran ese día y lo celebraran. «Este es un día que por ley deberán conmemorar siempre. Es una fiesta en honor del Señor, y las generaciones futuras deberán celebrarla» (Éxodo 12:14, NVI). Quizás vendrían en el futuro otros días malos, probablemente pasarían otras pruebas. Sin embargo, Dios quería que recordaran que él los había librado y estaría presente en su futuro.

Cuando nos encontremos en esos tiempos de espera, recordemos que, como los israelitas, hemos sido librados no sólo de tiempos difíciles, sino de una vida de esclavitud al pecado. Hemos sido lavados con la sangre de Cristo y se nos ha dado la oportunidad de empezar de nuevo en una tierra prometida. No solo eso, sino que se nos ha prometido para el futuro una patria mejor en Jesús.

Que cada tiempo difícil, que cada temporada de espera, podamos verla a la luz de la eternidad que nos ha sido dada y así poder aguardar con paciencia hasta que recibamos lo que esperamos.

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