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Falsos deseos

¿Alguna vez has tenido algún deseo por el cual estuvieras dispuesto a dejarlo todo? ¿Algo que quisieras hacer que pesara más que lo que debes hacer? Cuando deseamos algo lo suficiente, aunque podamos saber, en la teoría, que es algo que no nos conviene, empezamos a escuchar voces que nos justifican el porqué sí hacerlo en vez de decidirnos por lo que sabemos que está bien. Y así es como nos convertimos en presas de nuestros falsos deseos.

Hace poco escribí en una libreta de apuntes algo que había aprendido en la semana y decía: «Lo contrario a la verdad no es la mentira, son mis deseos». Tiempo después releí la frase y no la entendía, pues no recordaba bien qué estaba pensando cuando la escribí. Así que me puse a meditar en ella. Durante ese tiempo me tope con una historia del rey Ezequías.

Rebelándonos en contra de nuestros deseos

Dice la Biblia que Ezequías fue un rey que puso su confianza en Dios y se mantuvo fiel a él, uno de los mejores reyes de Judá. Sin embargo, se vio en muchos aprietos, uno de ellos fue el intento de conquista por parte del rey de Asiria. 

El libro de Reyes menciona que Senaquerib, el rey asirio, buscaba convencerlo, disuadirlo de ir a la guerra contra él. Le habló con las siguientes palabras: «Tú dices que tienes estrategia y fuerza militar, pero estas no son más que palabras sin fundamento. ¿En quién confías, que te rebelas contra mí?» (2 Reyes 18:20, NVI). Una interesante pregunta, ¿en quién confías que te rebelas contra alguien tan poderoso? Lo mismo me preguntaba acerca de mí deseos, ¿en qué estoy confiando que me va a dar más que lo que me ofrece esto que quiero ahora?

Senaquerib incluso se atrevió a mandar a decir a Ezequías que había sido Dios mismo quien lo había mandado. Terminó su discurso confirmando que ninguno de los pueblos con quienes se habían enfrentado había sido librado por sus dioses. ¿Por qué Israel sería la excepción?

Si fueras Ezequías, aunque conocieras la verdad de quién es el Dios a quien sirves, ¿acaso no sonaría más segura y atractiva la promesa de cabalgar con los jinetes de Asiria que rebelarse contra él? Parece un lugar cómodo en dónde estar, con el respaldo de la nación más poderosa del mundo. Y por eso, lo contrario a la verdad a veces son los deseos a los que decidimos hacer caso, sabiendo que en realidad no son lo que aparentan y que hay algo mejor para nosotros, pero que quizás evitamos porque sabemos que costará más.

Abrazando la realidad superior

Uno de los versos en la Biblia que más me impresionan es cuando Pablo dice: «Si la esperanza que tenemos en Cristo fuera solo para esta vida, seríamos los más desdichados de todos los mortales» (1 Corintios 15:19, NVI). ¡Claro! Porque ser discípulo de Cristo es como vivir en una realidad alterna donde las cosas funcionan de manera distinta al resto del mundo e inclusive a lo que tus mismos ojos te dictan.

Ser discípulo de Cristo es nadar a contracorriente. Es hacer las cosas porque sabes que son la verdad y no porque te conviene o porque es lo más fácil a tus ojos. Bajo los estándares del mundo, qué desdicha vivir siempre negándose a sí mismo. Sin embargo, para poder tomar siempre buenas decisiones en un mundo en el que las cosas no son lo que parecen, es necesario estar bien preparados.

Es importantísimo conocer a fondo el reino al que verdaderamente perteneces. No hay otra manera de hacerlo mas que teniendo fe y estudiando su Palabra. Debemos ser más astutos que lo que tenemos enfrente. Así como el rey Ezequías, que después de escuchar hablar al rey de Asiria, consultó al profeta Isaías. Y, nuevamente, al recibir la carta del rey, se postró en oración a Dios y buscó su rostro. Esta fue su oración. «Presta atención, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira; escucha las palabras que Senaquerib ha mandado a decir para insultar al Dios viviente. Es verdad, Señor, que los reyes asirios han asolado todas estas naciones y sus tierras. Han arrojado al fuego sus dioses y los han destruido, porque no eran dioses sino solo madera y piedra, obra de manos humanas. Ahora, pues, Señor y Dios nuestro, por favor, sálvanos de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que solo tú, Señor, eres Dios» (2 Reyes 19:16-19, NVI).

¡Asombroso! Solo nuestro Dios es el Dios verdadero. Los demás no prosperarán pues no son dioses. Y aquellos que, como Senaquerib, insultan al Dios viviente y menosprecian la fidelidad de los hijos de Dios para con él, no prosperarán. Por lo tanto, mi oración el día de hoy es que al vivir en esta tierra, puedan ser abiertos  nuestros ojos a la realidad de quién es Dios, no a la grandeza que aparenta el rey de Asiria o nuestros propios y falsos deseos carnales. Que podamos estar seguros de la realidad de las cosas y actuar conforme a ello. Que nuestros deseos no se conviertan en lo contrario a la verdad.

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