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Aprendamos del mejor comunicador de la historia

A menudo desvalorizamos el uso de nuestras palabras. A veces, sin pensarlo, «escupimos» lo que sentimos sin pasarlo por el filtro de nuestro razonamiento. Las consecuencias del mal uso de nuestras palabras tienen la capacidad de dañar y marcar considerablemente a la persona que las escucha. Recuerdo cuando, en la primaria, una maestra hizo un comentario ofensivo acerca de mi forma de leer. Esto provocó que incluso en la preparatoria todavía tuviera dificultad para la lectura y mucha inseguridad para hablar en público.

Las palabras son hábitos y costumbres que pueden enriquecer o empobrecer de manera significativa nuestra vida y sobre todo, la de los demás. La Biblia otorga muchísima importancia al uso de las palabras, ya que por medio de ellas podemos honrar a Dios, y una de las formas de hacerlo es edificando la vida de los demás con lo que decimos.

Jesús y las palabras que provocan pleitos

Creo que todos hemos visto alguna vez cómo unas «simples» palabras hirientes pueden desencadenar tanta ira, de tal modo que el ofendido termina descargando su enojo golpeando al que lo ofendió. Ambos están mal, pero Proverbios 18:6 nos recuerda que el efecto de las palabras es tan duro o dañino como los golpes: «Con sus palabras, los necios se meten continuamente en pleitos; van en busca de una paliza» (Proverbios 18:6, NTV). Tal vez no has llegado hasta el punto de los golpes, pero quizá has experimentado la ruptura de valiosas relaciones a causa de las palabras. Hace poco supe de unos hermanos que, a causa de haberse ofendido, ¡tenían más de 20 años sin hablarse!

Hay esperanza en las palabras de Jesús

Ante esto, ¡hay esperanza en Jesús! Él puede salvarnos del destructivo efecto de las palabras ofensivas. Él experimentó una y otra vez la calumnia, insultos y ofensas de los fariseos, pero en cada ocasión, respondió con palabras de sabiduría. Ahora gracias a la redención en Cristo, su Espíritu Santo mora en nosotros y tenemos acceso a esa sabiduría que caracterizó a Jesús, ya sea para responder pacíficamente a las ofensas o para frenar nuestra lengua y no ofender. «Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios.» (Mateo 5:9, NTV).

Si nuestra meta es ser como Jesús, una de nuestras prioridades debe ser hablar como él. Nuestro Maestro es sin duda el mejor comunicador de toda la historia. Con sus palabras, Jesús ha transformado la vida de miles de millones de personas en el pasado y en el presente. Y ahora, tú y yo tenemos el privilegio de ser portadores de ellas. ¡Abandona las palabras necias y abraza las palabras de Jesús! Permite que el Espíritu Santo obre con poder en tu forma de hablar.

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