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Lo que aprendí de la tragedia del café en Brasil

Uno que goza de tomar una taza de café por las mañanas quizás ha perdido la noción del costo y el recorrido de cada grano desde su origen hasta terminar en nuestra cafetera. Uno simplemente va al supermercado con la garantía que habrá mucha variedad de café, que inclusive nos permite escoger granos de diferentes regiones. Con todo lo que está sucediendo en Brasil, no solamente los amantes del café están consternados, sino toda la industria, porque se estima que los precios se disparen a causa de lo sucedido.

¿Y qué es lo que pasó? Brasil, que se caracteriza por su clima tropical, es uno de los principales productores de granos de café a nivel global, y en las últimas semanas fue golpeado por una inusual ola de frío que estropeó gran parte de la cosecha. Según reporta La Jornada, la helada «afectó los campos de los estados de Minas Gerais y Sao Paulo, que según estiman operadores habría tenido un impacto sobre la cosecha del próximo año del país de entre 3 y 5 millones de sacos de 60 kilos». [1]

Esto es sin duda una noticia lamentable, pero hay algo que aprendí al meditar en este  suceso.

El pan nuestro de cada día dánoslo hoy

Jesús, en el Padre Nuestro, nos enseñó a pedir: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy». Hoy en día, la mayoría de nosotros tenemos acceso a tiendas de conveniencia y sistemas de refrigeración, lo cual nos da la seguridad de que tendremos el alimento del día de mañana. Pero en los tiempos de Jesús muchas personas compraban su alimento a diario, sin saber si el día de mañana contarían con ese suministro. Quizás esto para ti no ha sido un problema, pero hay familias que literalmente «viven al día».

Cuando suceden heladas como estas, o como también ha sucedido en el norte de mi país, México, cuando las sequías matan el ganado o estropean los cultivos, todo sentido de orgullo y autosuficiencia se desvanece y la tragedia nos recuerda lo frágiles y dependientes que somos.

Vivir todos los días dependiendo de Dios

No tenemos certeza de lo que sucederá el día de mañana, pero sí tenemos la seguridad de que nuestro Padre celestial, lleno de amor y perfecto cuidado por sus hijos, nos sustentará en todo momento. Por más que la tecnología logre «anunciar» la venida de desastres naturales, la mayoría llegará sin previo aviso; por eso nuestra seguridad no debe estar puesta en las cosas frágiles, sino en nuestro Dios inconmovible a quien nada lo toma por sorpresa.

¡Oremos por Brasil y su cosecha de arábiga! La próxima vez que tomes una rica taza de café, piensa en todo lo que pasó hasta llegar a tu hogar, y que esto sea un recordatorio de lo dependientes que somos de Dios todos los días ante lo variable y frágil que es la vida. Nuestra seguridad se encuentra solo en el Señor, que nos sustenta con su gracia.

[1] Heladas en Brasil disparan precios globales del café. La Jornada. 24 de Julio de 2021.

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