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Olimpiadas, galardones y fe

En estos momentos se están llevando a cabo los Juegos Olímpicos de Tokio 2021. Es realmente emocionante ver competir a tus compatriotas, ¡y ni se diga verlos ganar una medalla! Escuchar el himno nacional de tu país eriza la piel y te hace sentir sumamente orgulloso. Al disfrutar de las Olimpiadas no puedo dejar de pensar en las referencias que el apóstol Pablo hace acerca de este fenómeno de los deportes.

El contexto de los eventos deportivos de la antigüedad

¿Sabías que Pablo plantó iglesias en los mismos lugares griegos que albergaron algunas de las competencias más importantes de la antigüedad? Según el apologeta y conferencista Steven Martins:

«En el año 776 a.C., la ciudad de Olimpia organizaba eventos deportivos cada cuatro años, en un periodo que se denominó “olimpiadas”. Históricamente, los juegos se crearon para traer unidad al mundo griego, que en ese tiempo estaba dividido por la guerra. Esto dio lugar a los Juegos Panhelénicos, con competencias cada tres años en Delphi, y cada dos años en el istmo de Corinto y Nemea».[1]

Así es, Corinto era una ciudad con cultura olímpica, y muy probablemente cuando Pablo hace referencia al deporte, tenía en mente los denominados «Juegos Ístmicos». ¿Te imaginas a Pablo siguiendo los resultados de alguna carrera? ¿Habrá evangelizado a algún competidor? ¿Tendría algún amigo o conocido que practicaba alguna disciplina olímpica?

Entrena para ganar

Precisamente Pablo usa la analogía del atletismo para hablar a la iglesia de Corinto en un contexto comprensible para ellos:

«¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero solo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio, por uno que dura para siempre. Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado» (1 Corintios 9:23-27, NVI).

Hay algo muy valioso en las palabras de Pablo. Este no solo era un comentario que apuntara a un evento que se esfumaría, ¡eran consejos de vida que trascenderían para la eternidad! Así como el atleta compite y se prepara para ganar, nosotros debemos de tomar «la carrera de la fe» en serio. No vivimos la vida cristiana como si fuera una competencia llanera, le damos la seriedad que tiene, y por eso Pablo nos invita a hacer tres cosas: a correr con el galardón incorruptible en mente, a prepararnos con una cultura de disciplina, y a dar la importancia debida a la carrera. No estamos hablando de Tokio, Río de Janeiro o París, ¡estamos hablando de la carrera que nos prepara para vivir toda una eternidad en la presencia de Jesús! ¿Te estás preparando debidamente? ¿Estás perseverando en las disciplinas espirituales?

Compite sin claudicar

En otra carta, Pablo dice a Timoteo: «He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe.  Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida» (2 Timoteo 4:7, 8, NVI). Estas palabras también hacen eco de eventos deportivos. La «corona» de la que habla Pablo hace referencia a los galardones que se repartían al final de las mismas competencias. Pablo perseveró hasta el final. Uno no puede darse el lujo de abandonar la carrera a la mitad del camino. Así como Pablo, debemos de perseverar a pesar de que esta vida parece una verdadera «carrera de obstáculos», llena de pruebas desgastantes que en más de una ocasión te harán pensar en claudicar. Podemos enfrentar momentos de desánimo, de duda y frustración, pero nos levantaremos porque «…nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida» (Hebreos 10:39, NVI)».

Compite rindiendo un homenaje

En la antigüedad algunos competían para rendir tributo a falsas deidades, otros, para homenajear a gobernantes, pero ¡nosotros competimos para honrar a alguien más importante! No olvides que debes dar cada paso con el firme objetivo de glorificar a aquel que nos puso en esta carrera. Dios es nuestro creador y nosotros «corremos» la vida cristiana para la gloria de su Nombre. No esperamos a que acabe la carrera para honrarlo, lo honramos a través de cada palpitar de nuestro corazón.

Y a ti, ¿te agradan los deportes?, ¿practicas alguna disciplina?, ¿disfrutas de algún evento deportivo? ¡Espero que esto te lleve a reflexionar acerca de los aspectos más importantes y trascendentales de nuestra vida! ¡Corre por un galardón!

[1] Martins, Steven. Una breve teología de las Olimpiadas. Coalición por el Evangelio. 3 de agosto de 2016. Web. https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/el-deporte-en-la-escritura/

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