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El corazón de la milla extra (Parte 1)

Dios me ha dado la dicha de conocer a muchos pastores a lo largo de América Latina, y como nunca, he escuchado de los diversos retos que están enfrentando en sus congregaciones. Después de la pandemia, muchos han tenido que cumplir con las mismas demandas y responsabilidades pero con mucho menos voluntarios y servidores. La fatiga mental y emocional es extrema en muchos de ellos.

Estos son tiempos en los que debemos de dar «la milla extra», no para cumplir los caprichos personales de alguien, sino porque entendemos que tenemos la responsabilidad de dar de gracia lo que de gracia hemos recibido. Dios ha sido muy bueno con nosotros y no podemos callar esta esperanza ante la latente necesidad de Dios en el mundo.

La ruta equivocada

Ahora bien, cuando las iglesias carecen de servidores, ¿qué suelen hacer los pastores? Algunos dirán: «¡Voy a predicar una serie sobre el servicio!», otros optan por hacer una fuerte reprensión. Esto no es necesariamente malo, pero en mi experiencia, al principio tal vez puede surtir efecto en las personas, pero su respuesta es más una reacción emocional por el ímpetu del mensaje o por la pena que sienten por las cargas de los responsables.

¿Cuál es entonces, el enfoque correcto para desarrollar servidores que den «la milla extra»? El carácter. Más que apelar a las emociones, más que dar instrucciones, debemos de trabajar en los corazones.

Muchos tienden a desestimar la importancia de trabajar en un corazón correcto debido a la urgencia de las necesidades en los ministerios de la iglesia. Pensamos: «No tengo certeza de que sea leal, comprometido, de buen testimonio, responsable, maduro o entendido, pero nos urgen un baterista, ¡súbelo de cualquier manera!». Bien dijo el pastor Miguel Núñez que «tenemos que “ser” antes de “hacer” o sufriremos las consecuencias».[1]

Las consecuencias de un corazón equivocado

Sin el corazón correcto, una persona podrá ser útil a corto plazo, pero será incapaz de caminar la milla extra. Y no solo esto, sino que tarde que temprano terminará haciendo daño a la iglesia y sí misma. La responsabilidad y el servicio en una persona sin un carácter probado, lejos de producir buenos frutos para la gloria de Dios, pueden hacer crecer orgullo, vanidad, envidias y otras cosas que terminan por afectar a toda la comunidad, resultando en dolorosas heridas que pueden tardar años en sanar.

No se trata de cerrar las oportunidades de servicio a personas que carecen de pericia en habilidades o talentos. Si hacemos esto, ¿cómo, pues, podrán aprender y crecer? Debemos de ser pacientes y trabajar en la formación de los servidores, pero resulta mucho mejor tener a alguien menos habilidoso pero con un corazón correcto, que alguien extremadamente talentoso, pero con falta de carácter.

Cuando hablamos de trabajar en los corazones, a los servidores debe de quedarles muy claro que, lejos de buscar beneficio y resultados en los ministerios, buscamos el bien espiritual de cada una de las personas. Más que importarnos su trabajo, nos debe interesar su persona. Así fue Jesús, él llamo a servidores, pero a esos mismos él les llamó «amigos».

En la próxima entrada, continuaremos hablando sobre el «corazón de la milla extra» y describiremos áreas del carácter que debemos de tener presentes para darlo todo por el Señor.

[1] Núñez, Miguel. Siervos para su gloria. B&H Publishing. Nashville, 2018. Pg. 12.

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