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Contempla a Dios en la rutina

Todos nosotros estamos dentro de un mundo embravecido, que es como un potente río, y necesitamos desesperadamente una soga; una que nos haga regresar a tierra firme. Es por eso que hoy hablaremos de la contemplación. Tal vez te parezca raro el término y no lo relaciones con la rutina diaria, pero créeme, en tu día es necesario que te detengas, hagas pausas y contemples a Dios.

El pastor y autor, Peter Scazzero, dijo: «Existe una manera dominante de violencia contemporánea… el exceso de actividad y el trabajo… Al cometer este tipo de violencia, somos incapaces de amar a los demás en Cristo y a través de su amor».

Hemos sustituido el contemplar a Dios y descansar en él por varias cosas: entretenimiento, reuniones o redes sociales. Dime, ¿cuántas veces revisas tu celular al día con tal de sacar tu cerebro del estrés y la rutina?, ¿sí o no las redes sociales se han vuelto el «escape» perfecto para distraer tu cabeza de todo lo que te abruma? La realidad es que, sin darte cuenta, tu cerebro se está abrumando aún más.

Esto parece insignificante, pero realmente estos escapes son adicciones que, como todas, te tienen atrapado. Has buscado tu paz y tu tranquilidad en algo que no es Jesús.

¿Cómo «escapar» en el día para contemplar a Dios?

«Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno. Y vino la noche, y llegó la mañana: ese fue el sexto día» (Génesis 1:31, NVI).

Los siguientes consejos no son el hilo negro de la contemplación y del descanso, pero si son herramientas útiles y alcanzables para cualquier persona, no importa la edad, ni el trabajo que tenga. Todos podemos hacer una pausa y contemplar.

El arte de contemplar

Mientras leemos el comienzo de la Biblia, en Génesis, capítulos 1 y 2, podemos observar que Dios hacía unas pequeñas pausas para «ver» al finalizar algo, y no solo eso, sino que le parecía que era ¡muy bueno!. Según Gerhard Von Rad, se refiere justamente a la «plenitud de fin y armonía» más que a la belleza del cosmos entero. Mantén esta palabra en mente: plenitud.

¿Cómo podríamos adjudicar un adjetivo así, en este caso «bueno», si solamente a vemos con simpleza y no nos detenemos a contemplar? Ver cualquiera lo hace, y vivimos haciéndolo todo el tiempo. Pero contemplar es el acto de enfocar todos nuestros sentidos en algo, analizarlo y disfrutarlo. Cuando hacemos esto, nos parecemos a nuestro Creador.

¿Quién o qué es lo que voy a contemplar?

«Una sola cosa le pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y recrearme en su templo» (Salmo 27:4, NVI).

La respuesta es fácil. Contemplaremos al Señor. No estoy hablando del momento en el que apartas varios minutos u horas para orar y adorar (que esto debería ser todos los días). Pero estoy hablando de esos pequeños momentos en el día en los que te puedes detener, respirar profundamente y pensar en la belleza del Señor.

Esto te ayudará a tener una vida espiritualmente más sana, un cerebro más relajado y un cuerpo agradecido. Los expertos en meditación, salud y psicología recomiendan estas pausas. ¿Cuánto más nosotros deberemos hacerlas, si tenemos al Dios creador de todo lo que existe a la inmediatez de una oración? Tenemos acceso al descanso mismo y a la paz sobrenatural del Señor.

Así que comienza a practicarlo; tal vez quisieras poner una nota en la cocina, en tu laptop o escritorio, en tu lugar de trabajo que diga: «Detente, respira y piensa en mí».

Consejos y metas alcanzables

Además de los recordatorios, escribe en notitas —o si prefieres, en tu celular— versículos que hablen de la belleza de Cristo, de quien es él y quien eres tú gracias a su obra en la cruz. Léelas durante el día y medita en ellas.

También sal a tomar el aire fresco. Estira las piernas, respira y contempla a Dios en la naturaleza. Y si estas en medio de una ciudad, voltea al cielo, éste está en todas partes y es un hermoso recordatorio de la inmensidad de Dios. Pasa ahí unos minutos y ora en silencio.

Práctica los primeros dos puntos una y otra vez hasta que se hagan parte de tu vida.

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