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Se acabó la soledad

¿A cuantos nos gustaría que de un momento a otro se acabaran por completo nuestros problemas? Imagínate que, de pronto, la crisis económica o la enfermedad ya no estuviera, el problema familiar se esfumara, aquello que no te deja dormir por las noches desapareciera por completo. Lamento decirte que esto no va a suceder, pero te tengo una buena noticia que es tan extraordinaria como pensar en la desaparición de todas nuestras pruebas.

Antes de darte esta increíble noticia me gustaría decirte que muchos caen en desilusión al acercarse a Dios pensando que esto tiene que suceder. Tal vez alguien les prometió que si se rendían ante el Señor todos sus problemas se acabarían. El testimonio de la Biblia y nuestra experiencia cotidiana nos dicen que esto no es así. El mismo Jesús dijo que en el mundo tendremos afliccion (Juan 16:33). Santiago nos anima a alegrarnos cuando tengamos que enfrentar diversas pruebas (Santiago 1:2). ¡Muchas de ellas vendrán inclusive como consecuencia de seguir al Señor!

Si Dios es todopoderoso, ¿por qué no simplemente hace desaparecer todas nuestras dificultades? En 2 Corintios 12:7-9 el apóstol Pablo habla de un «aguijón en la carne», y aunque no sabemos con certeza qué era esto, tenemos por seguro que era algo que le hacía padecer, ya que en más de una ocasión pidió en oración que se lo quitara. Para nuestra sorpresa, Dios no se lo quitó, pero Pablo entendió que era con un propósito.

Formación de nuestro carácter

Lo primero que podemos aprender de esto es que sencillamente Dios permite las pruebas en nuestra vida con el propósito de moldear nuestro carácter. Pablo entendió que ese padecimiento que enfrentaba tenía en parte la intención de impedir que se volviera orgulloso. Dios forja nuestra paciencia, humildad, mansedumbre, en general todos los frutos del Espíritu, a través de adversidades, siempre asistidos por su gracia.

Dependientes de su gracia

Lo segundo que aprendemos con el testimonio de Pablo es que las pruebas nos hacen dependientes del Señor. Los problemas no se fueron, pero Dios le respondió: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad». ¡Su gracia es todo lo que necesitamos! Él nos suministra la capacidad para enfrentar con dignidad e integridad los retos que enfrentamos en la vida. Si no tuviéramos pruebas, quizás pensaríamos: ¿Para qué necesito al Señor? Los padecimientos son un recordatorio que lo necesitamos, que dependemos de él todos los días para subsistir y para encontrar plenitud.

Hasta este punto me imagino que ya te has podido dar cuenta cual es la buena noticia de la cual hablamos al principio. ¡Así es! Aunque los problemas no se acaban, la soledad sí llegó a su fin. ¡En Cristo ya no estarás solo nunca más! Piensa en lo hermoso que es esto: nunca más tendrás que enfrentar las dificultades en desamparo. Gozamos de una comunión íntima y personal con Cristo, nuestro Dios lleno de amor y de bondad que tiene perfecto cuidado de cada uno de nosotros. Tal vez llegarán días de silencio, donde sientas como si Dios no estuviera ahí. En esos momentos mantente firme y confía, recuerda que él prometió estar contigo hasta el final.

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