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¿Qué hacer cuando no estoy bien?

Hace poco tuve oportunidad de escuchar algunos testimonios de personas que habían pasado problemas de ansiedad o de depresión, y encontré muchas cosas en común entre ellos, por ejemplo, lo primero fue que muchos se habían dado cuenta de que no estaban bien emocionalmente porque los llenaba un sentimiento desesperanzador que los hizo olvidar lo bueno que Dios ha sido, lo mucho que los ama, e incluso los llevaba a replantear muchas cosas de sus vidas de una manera que no les parecía normal. Otra cosa en común fue que muchas personas, en el momento en el que pasaron por esta situación, no se daban cuenta de lo mucho que otros problemas externos estaban afectando su salud emocional, por lo tanto se sentían culpables por no estar bien, porque sabían que también había muchas cosas buenas en sus vidas que podían disfrutar y muchas bendiciones qué agradecer.

Tomando todo esto y otros detalles en cuenta, una de las cosas que más llamó mi atención y que todos los testimonios tenían en común era sentirse solos y tener temor o vergüenza de compartir con alguien más cómo estaban sintiéndose; creer que serían incomprendidos o juzgados, y esto no sólo al referirse a su familia, sino también a la iglesia.

Una de las preguntas que escuché que le hicieron a un pastor en el contexto de este tema planteaba si sería correcto visitar a un psicólogo secular para tratar con estos problemas de ansiedad, tristeza y depresión. El pastor hablaba acerca de cómo esto era completamente válido, ya que muchas veces estos problemas surgen de desbalances químicos o de situaciones personales que requieren la ayuda de expertos. Sin embargo, comentaba también el pastor lo triste que se sentía de que muchas veces para los feligreses, esta visita a un psicólogo se daba antes que buscar ayuda dentro de la iglesia. Y había quienes podían pasar meses por problemas de esta índole y no había otros creyentes que se dieran cuenta o que se interesaran en su vida de manera profunda para apoyar en este tipo de situaciones.

Sé honesto con Dios

Dentro de estos testimonios y estas experiencias de pastores que me tocó escuchar, algo en lo que muchos líderes de la iglesia estuvieron de acuerdo fue en que muchas ocasiones cuando la gente no se siente bien o se encuentra triste, herida, débil emocionalmente, etc., una de las reacciones naturales es dejar de asistir a la iglesia y alejarnos del Señor. Nos sentimos desmotivados a seguir adelante, y esto afecta todas las áreas de nuestra vida, sobre todo nuestra relación con Dios. Sin embargo, es muy importante que aunque nuestras oraciones sean a nuestro parecer débiles o que no encontremos nada bueno qué decir, seamos honestos con el Señor. Que nos acerquemos a él aunque sea sólo para decirle: «Ya no puedo más».

En estos días me tocó leer un poco acerca de la historia del rey Josafat, quien tuvo momentos buenos, momentos difíciles y algunos en los que no creyó al Señor. Sin embargo, en una ocasión en que le advirtieron sobre varios pueblos que se habían unido para hacerle guerra, su respuesta fue una oración en la que recordó todo lo que el Señor le había prometido y le sirvió no sólo como para hablarlo con Dios, sino para también para él mismo recordar todo lo que el Señor había hecho y había prometido.

La Palabra narra la oración que hizo, y menciona que la dijo mientras se encontraba atemorizado: «Señor, Dios de nuestros antepasados, ¿no eres tú el Dios del cielo, y el que gobierna a todas las naciones? ¡Es tal tu fuerza y tu poder que no hay quien pueda resistirte!…Nosotros no podemos oponernos a esa gran multitud que viene a atacarnos. ¡No sabemos qué hacer! ¡En ti hemos puesto nuestra esperanza!» (2 Crónicas 20: 6-12 NVI).

Convoca a la iglesia en oración

Otra cosa que dice la Biblia que hizo el rey Josafat fue reunir a todo el pueblo de Judá para orar acerca de esta situación. «Atemorizado, Josafat decidió consultar al Señor y proclamó un ayuno en toda Judá. Los habitantes de todas las ciudades de Judá llegaron para pedir juntos la ayuda del Señor» (2 Crónicas 20:3,4).

Esta es una de las cosas más difíciles de hacer, y aun así, una de las más importantes. Involucra a tu iglesia local en los problemas que estés teniendo en tu familia, en tu trabajo o en tu vida personal. Hazles saber a otros cómo te sientes y busca su apoyo, sus oraciones, sus palabras de ánimo o sus consejos. Los miembros de la iglesia de Cristo no deberían pasar por este tipo de situaciones solos, sino con el apoyo de su familia en el Señor. En muchos de los testimonios que tuve ocasión de escuchar, esto fue lo que hizo la diferencia y los ayudó a salir adelante.

Recuerda de quién es la victoria

Aunque el apoyo de otros, las oraciones, leer la Palabra y recordar todo lo bueno que Dios ha sido con nosotros, sean ayudas tan grandes en nuestra vida, muchas veces nuestra vista se encuentra tan nublada por los problemas que tenemos frente a nosotros o por la manera en que nos sentimos, que pesan más las mentiras que escuchamos en nuestra mente que lo que el Señor dice de nosotros. Aun así, podemos descansar en que si nos acercamos confiadamente, él cuidará de nosotros y nos sacará adelante, porque él es fiel para con sus hijos.

Dice la Biblia acerca de la historia de Josafat que se encontraba todo el pueblo en el templo, orando al Señor, y que un profeta se levantó a decir lo siguiente: «No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes, sino mía. Mañana, cuando ellos suban por la cuesta de Sis, ustedes saldrán contra ellos y los encontrarán junto al arroyo, frente al desierto de Jeruel. Pero ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos, para que vean la salvación que el Señor les dará. ¡Habitantes de Judá y de Jerusalén, no tengan miedo ni se acobarden! Salgan mañana contra ellos, porque yo, el Señor, estaré con ustedes» (2 Crónicas 20:15-17).

Y así como el profeta había dicho, así fue. Ellos no tuvieron que hacer nada más que esperar en el Señor y adorar, y así obtuvieron la victoria. Así que si estás pasando por una situación que no puedes enfrentar y no crees poder controlar, no temas, simplemente halla en ti la fuerza para hacer estas cosas: buscar el apoyo de tu iglesia, esperar en el Señor y adorarlo. Y él se encargará de todo lo demás, él te llevará a la victoria.

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