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Sígueme, yo sigo a Cristo

Jesús fue un líder como ningún otro. Mientras unos buscan una posición de liderazgo para estar en la cima, para ser escuchados y admirados, para poder mandar y tener menos trabajo que los demás o por cualquier otra razón errónea, el liderazgo de Jesús nace de una postura de amor, de un deseo de guiar a la gente y verla crecer. Es por eso que en mi vida, en cada puesto de liderazgo que pueda ejercer, ya sea en mi familia, en mi trabajo o en mi iglesia, quiero buscar tener un liderazgo como el de Cristo. Así mismo, deseo preocuparme por que aquellos a quienes sigo como mis líderes tengan el corazón de Cristo también.

El mayor servirá al menor

Una de las principales características del liderazgo de Cristo es que no es uno donde todos están al servicio del líder, sino uno donde el que está en una posición de mayor importancia realiza un mayor sacrificio por aquellos que están debajo de él.

En una ocasión, los discípulos de Jesús se peleaban por saber quién estaría junto a él cuando viniera en su gloria. Pero él les contestó lo siguiente, «Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10:42-45).

En la vida cristiana, un líder no es aquel de quien los que están bajo su mando se convierten en esclavos, sino que es alguien que ahora va a tener una mayor responsabilidad y sacrificio. Será quien se desvele hasta altas horas de la noche orando por los problemas de sus ovejas, quien tenga que consolar, exhortar, apoyar y resolver dudas.

La corrección es dura, mas necesaria

Otra de las responsabilidades del líder es siempre corregir a quien necesita corrección. Es algo que los padres hacen como líderes, así como los maestros, pastores y autoridades de la iglesia. «Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra autoridad, la cual el Señor nos dio para edificación y no para nuestra destrucción, no me avergonzaré» (2 Corintios 10:8). Siempre que un líder en Cristo tenga que actuar a manera de corrección, será algo cuyo propósito sea la edificación, no lo contrario.

Esto es porque la corrección surge del amor. «Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo» (Hebreos 12:6). Aunque en ocasiones sea difícil aceptar nuestros errores, debemos sentirnos honrados cada vez que nuestras autoridades se preocupan lo suficiente de nuestras vidas para observarnos, ver la condición de nuestro corazón y darse cuenta de aquellas cosas en las que necesitamos mejorar. Una corrección que viene de una autoridad que sabemos está apegada a la Palabra de Dios, es una manera en la que Dios mismo nos habla acerca de nuestra propia santidad. «He aquí, cuán bienaventurado es el hombre a quien Dios reprende; no desprecies, pues, la disciplina del Todopoderoso» (Job 5:17).

Demos gracias a Dios por nuestras autoridades, quienes se preocupan por nuestro crecimiento espiritual y por nuestro bienestar. Así mismo, roguemos a Dios poder ser esos líderes que sirven y que son como Cristo.

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