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El asunto del souvenir

¿Existe una técnica para escoger el souvenir de un viaje? Si no es así, debería. No hay cosa más difícil que elegir entre una multitud de curiosidades el recuerdo perfecto para la tía, el sobrino, lo primos y la abuela. ¿Cómo reducir el testimonio de una experiencia maravillosa a una camiseta, un imán para la nevera o un posavasos? 

El propósito del souvenir es decirle a una persona: «Tuve una experiencia genial, me acordé de ti y quiero hacerte parte de ella», sin embargo, este objeto, que suele ser pequeño y estrambótico al mismo tiempo, puede ser el pretexto perfecto para reunir a la familia en la tan esperada repartición de regalos y contarles cómo nos transformó este viaje y cómo nuestra experiencia  también los impactará a ellos.

Embarcarse en lo desconocido

Alguna vez escuché: «Un viaje no es un viaje si no te cambia». Todos deseamos descubrir cosas y vivir nuevas experiencias, es por eso que viajar ocupa un lugar importante en nuestra lista de deseos: según un informe publicado por el Daily Mail, 22 millones de personas en el Reino Unido crearon una bucket list y la mitad de ellas ubicó su interés por viajar como algo más importante que tener un bebé o comprar una casa.

Sin embargo, los viajes también generan ansiedad y estrés porque planeamos hasta el más mínimo detalle, pero una vez nos embarcamos en lo desconocido, quedamos en manos de Dios, y aunque nos repetimos una y otra vez que confiamos en él, esto no deja de hacernos sentir vulnerables, cosa que siempre nos va a costar. 

Sin embargo, es así como Dios nos quiere y nos necesita, vulnerables y desprovistos de toda autoconfianza, sólo así lo dejaremos actuar y veremos que él puede ser: proveedor, protector, restaurador, refugio, compañía, ayudador, consuelo, alimento, descanso, una de estas características o todas ellas al mismo tiempo. 

Cuenta cómo Dios se te ha revelado

Muchos nos critican por ver a Dios en todas partes, pero, ¿no es ese un privilegio? Que entre otras cosas todos tenemos pero solo algunos deciden disfrutar: «Pues, desde la creación del mundo, todos han visto los cielos y la tierra. Por medio de todo lo que Dios hizo, ellos pueden ver a simple vista las cualidades invisibles de Dios: su poder eterno y su naturaleza divina. Así que no tienen ninguna excusa para no conocer a Dios». Romanos 1:20 (NTV). 

El asunto del souvenir se resuelve de manera sencilla si recordamos lo que dice un dicho popular, muy popular de hecho: «Cualquier cosa es cariño». Nuestros familiares entenderán nuestro esfuerzo por empacar a presión una serie de objetos curiosos con el nombre de un país o una ciudad, en una maleta en la que cada gramo cuenta. Pero aunque no lo entiendan, lo más importante siempre será el testimonio. 

Más que tener espacio en la valija o dinero en el bolsillo para comprar regalos, lo que más debe interesarnos es tener historias para compartir, anécdotas que hablen acerca de la forma en que Dios se ha revelado a nosotros.

Gracias, apóstol Pablo

Tal vez nuestro temor sea presumir demasiado de los privilegios recibidos durante un viaje, ¿pero no es acaso presumir de lo que Dios ha hecho una de las formas de adorarlo? Si no, pensemos en el apóstol Pablo, es imposible hablar de viajes sin mencionar a este buen expedicionario.  

Gracias a sus viajes y a su disposición de comunicar lo que Dios hizo en ellos, con el único propósito de animar a los creyentes, tenemos los libros de Romanos, Corintios, Gálatas, Filipenses, Tesalonicenses y Filemón en el Nuevo Testamento. Esto nos habla de la importancia del testimonio y del propósito que puede haber detrás de un viaje. 

Al final, el souvenir es lo de menos, este es sólo el anzuelo para tener una buena pesca, si usamos las palabras que usó Jesús para llamarnos: pescadores de hombres. 

Un cambio que se extiende

Un viaje no solo cambia a quien lo realiza, sino a todos aquellos que están expuestos a conocer su experiencia. Por eso la próxima vez que viajes, no olvides el souvenir, pero recuerda que hay algo mucho más valioso que eso, historias y anécdotas que refrescarán la fe de quienes te esperan con dos preguntas sencillas: «¿Cómo te fue y qué me trajiste?». 

El souvenir es solo un pretexto para que las personas se acerquen con curiosidad a preguntarte cómo te fue y como les has traído un regalo, se sientan obligados a escuchar lo que tienes para contarles.

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