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Cansado hasta de Dios

Cansado hasta de Dios

Cansado hasta de Dios

Un día me puse a contar mis frases frecuentes y, para mi sorpresa, «Estoy cansado» quedó dentro del top cinco. Cansado de que mi alarma sonara temprano, pero me «pescara la noche». Cansado del cansancio que produce trabajar. Cansado de salir de vacaciones y llegar peor.

Estaba tan exhausto que, sin darme cuenta, me había cansado hasta de Dios. Iba a la iglesia. Había hecho cursos de teología. Lideraba. Estaba en cuanto grupo de WhatsApp cristiano hubiera. Oraba y leía la Biblia… cuando me quedaba tiempo. Sin embargo, me sentía sobrecargado y más rutinario que el café de todas las mañanas. 

En mi travesía para salir de ese burnout espiritual, aprendí lecciones que te pueden ayudar a prevenir o tratar semejante mal:

Cuanto más seco esté un tronco, más rápido prende fuego.

Así que no te dé miedo quitarte la máscara de «estoy bien» y reconocer: «Aunque tengo hábitos cristianos, me siento cansado y lejos de Dios».

En mis tiempos de sequedad, mientras cantaban en la iglesia: «Te amo, Señor», yo cambiaba la letra por: «No te amo en este momento, pero quiero hacerlo». O, en lugar de repetir oraciones aprendidas, convertía versículos como este en mi propio clamor: «Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece», Mateo 5:3 (NTV). El punto es ser lo más sinceramente sincero. 

Vivir en la religión no es lo mismo que vivir en el Espíritu.

Reglas humanas como orar una hora, leer un capítulo de la Biblia diario e ir a todos los cultos, sumadas a las tareas cotidianas, son expertas en contraer los músculos de tu espalda. En cambio, el Espíritu Santo te da libertad, cuando le das lugar. Él toma el control, te guía, te consuela, te ayuda, te revela al Padre… hasta te dice cómo orar. Es arrogante actuar como si no lo necesitaras.  

Solo tienes que tomar momentos para ser consciente de su presencia y pedirle que sea real en tu vida. Yo empecé con oraciones sencillas pero poderosas como: «Hazme sensible a ti», «Despierta mis sentidos espirituales» o «¿Qué quieres que haga hoy?». También, hablando en lenguas espirituales, como enseña Hechos 2. Como en todo, si practicas, cada vez será más fácil. 

Cuando tienes hambre y sed, estás preparado para un banquete.

Si piensas que ya has experimentado todo del Señor, hasta ahí llegarás. Pero si crees que «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente ha imaginado lo que Dios tiene preparado para quienes lo aman», como dice 2 Corintios 2:9 (NTV), recibirás mucho más. 

No importa si eres un salmista con 20 álbumes grabados, un pastor muy ungido o un creyente reciente, Dios siempre tiene un banquete reservado para ti. Busca prédicas, música, películas y libros que te saquen de la rutina espiritual e incrementen tu hambre. Translating God (Traduciendo a Dios) de Shawn Bolz es uno de mis textos favoritos para esto, en inglés. 

Si tu amigo te puede decir como Pablo en 1 Corintios: «Imítame a mí, como yo imito a Cristo», no lo dejes ir.

Pero si está peor de seco espiritualmente que tú, sal corriendo. Rodéate de personas que te desafíen a ser como Jesús. 

Es cierto que escasean, pero cuando ves programas como «It’s Supernatural» (Es sobrenatural), disponible en YouTube, doblado al español, te das cuenta de que no eres el único que quiere salir del burnout e involucrarte más profundamente con Dios. Seguramente hay alguien así cerca de ti. O, bueno, tal vez está en otro continente, como mi mejor amigo, pero en la época que nos tocó vivir, eso no es un problema mayor. Hazle caso a tu mamá: «Cuidado con quién te metes».

Sin leer su Palabra y buscar conocer más cosas de él, es imposible tener una buena relación con él. Entendí que lo que yo tenía que hacer requería de mí un esfuerzo mayor que simplemente dar mi tiempo. Implicaba entregar mi corazón y fijar mis ojos en él, dejar a un lado la carne y darlo todo. Dios no desprecia a un corazón así y estoy segura de que si lo buscamos como a un amigo, como a alguien a quien anhelamos conocer, pronto habremos de encontrarle.

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