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Mujer levanta las manos en adoración a Dios.

Dios siempre es digno de nuestra alabanza

La mayoría del tiempo, el título de esta entrada —«Dios siempre es digno de nuestra alabanza» no parece representar algo que nos cause conflicto. Sin embargo, ¿qué hay de aquellos momentos donde enfrentamos profundo dolor, ese enigma de la vida que con frecuencia llega sin explicación alguna y con un inmenso bagaje de preguntas que parecen no tener respuesta? Es en esos momentos en los que nuestro entendimiento acerca de la dignidad de Dios es probado.

Esta semana, nuestra iglesia local experimentó la pérdida de un miembro muy querido. A pesar de ser un momento que nos llenó de tristeza, el servicio memorial para honrar la vida de nuestra hermana que hoy goza de la presencia de nuestro Señor, sirvió como un vivo ejemplo para dar testimonio del indescriptible valor y de la suficiencia de nuestro glorioso Dios. La lógica de este mundo implicaría ver a sus familiares grandemente enfadada o indignados con Dios por haber permitido que alguien tan amado sufriera varias luchas contra el cáncer y partiera de esa manera.

Pero no… no fue lo que vimos ese día. El esposo estaba lleno de gratitud con Dios por el tiempo que le permitió gozar de la compañía de su amada. Los tres hijos también estallaron en gratitud y de sus bocas fluía continuamente la alabanza. Claro que hay tristeza y dolor por la partida, pero esa expresión de adoración parecía fluir de los más profundo de sus corazones como un acto completamente genuino. Sin duda, su perspectiva apunta a una realidad más elevada: la eternidad.

Uno de los hijos también se dio el tiempo de explicarnos la historia de Job desde una perspectiva que nunca había visto antes. Mientras su madre pasaba por la etapa más dura de la enfermedad, él le preguntó: «¿Cómo te sientes en este momento?». Ella pudo haber hecho referencia al dolor, al temor y la preocupación por las implicaciones de su inminente partida, pero su respuesta le hizo recordar esta maravillosa historia que apunta precisamente al inmenso valor y gozo de conocer a Dios aun en medio de la aflicción. Ella respondió: «Me siento muy agradecida con Dios por todo lo que él me ha dado». El cáncer afectó significativamente la salud de nuestra querida hermana —que recordamos siempre con una hermosa sonrisa— pero hay algo que la enfermedad no pudo quitarle: su alabanza a Dios. Porque hay algo más real que el cáncer, y esto es la gloriosa esperanza de vida eterna para todos aquellos que han creído y confiado en nuestro glorioso Salvador Jesucristo.

Volviendo a la historia de Job, Satanás literalmente blasfemó contra Dios en su propio rostro. El Señor se jactó de su siervo Job, a quién la Biblia describe como «un hombre intachable, de absoluta integridad, que tenía temor de Dios y se mantenía apartado del mal» (Job 1:1, NTV). La respuesta de Satanás fue terriblemente osada e insensata; él le dijo a Dios que la razón por la cual Job le amaba no era por su valor, sino por los bienes que él le había dado. En respuesta a ello, Dios permitió a Satanás quitarle a Job sus bienes, su familia e incluso afectar su salud. Este hombre vapuleado fue tentado a hablar en contra de Dios a causa de su calamidad: «Su esposa le dijo: “¿Todavía intentas conservar tu integridad? Maldice a Dios y muérete”. Sin embargo, Job contestó: “Hablas como una mujer necia. ¿Aceptaremos solo las cosas buenas que vienen de la mano de Dios y nunca lo malo? ”. A pesar de todo, Job no dijo nada incorrecto» (Job 2:9-10, NTV)

La vida de Job, la vida de nuestra querida hermana y la vida de todos aquellos que a traviesan por el valle de aflicción con un canto de adoración en sus labios, ponen en evidencia que Dios siempre es digno de nuestra alabanza. Porque su compañía es suficiente y sus promesas son verdaderas. Para aquellos que están en Cristo, un día no habrá enfermedad, llanto y dolor. Él será nuestra compañía para siempre. ¡Bendita y gloriosa esperanza!

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