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¡Venga tu reino!

El «Padre nuestro» es la oración modelo que Jesús le enseñó a sus discípulos en el Sermón del Monte. Hay muchos aspectos dignos de reflexión en esta famosa oración, pero en este momento me gustaría que nos enfoquemos en un fragmento muy importante que encontramos en el versículo 10 de Mateo 6: «¡Venga tu reino!».

Esta expresión es muy poderosa, pero al mismo tiempo ha sido muy incomprendida. Ha formado parte de nuestro vocabulario y de nuestras canciones, pero pocas veces nos detenemos a reflexionar en su significado. Este pasaje debe ser entendido en su contexto inmediato; justo en seguida leemos: «Hágase tu voluntad». A pesar de que esperamos la manifestación visible del reino de Cristo en la tierra, «el reino de los cielos» ya está de manera interna y espiritual en la vida de sus discípulos. ¿Cómo se manifiesta? En nuestra sumisión al señorío de Cristo; ¡ahora anhelamos su voluntad! Antes vivíamos en una orgullosa independencia, pero ahora, por medio de la fe en Cristo, nos complacemos en rendir nuestra vida a los pies de Jesús.

Lo que implica pedir esto

Cuando clamamos «¡Venga tu reino!» estamos pidiendo que su salvación y señorío sean establecidos en los corazones de aquellos que hoy no le conocen,  que las personas que están en tinieblas puedan ver la luz de Jesús. ¡Anhelamos ver a nuestros familiares y amigos rendidos a sus pies!

Orar «¡Venga tu reino!» también es anhelar que nuestras vidas estén saturadas con la realidad de su reino. ¿Cuál es esa realidad? Una manifestación palpable de su justicia, su amor, su poder. «También pido en oración que entiendan la increíble grandeza del poder de Dios para nosotros, los que creemos en él. Es el mismo gran poder que levantó a Cristo de los muertos…» (Efesios 1:19-20 NTV).

Por último, orar «¡Venga tu reino!» también es una exclamación que expresa el anhelo del regreso de Jesús. Él vendrá a establecer su gobierno perfecto a una tierra renovada. En 1 Corintios 16:22 encontramos la palabra Maranatha, que significa, «¡Ven, Señor!» o «¡El Señor viene!». Esto mismo lo expresa el último versículo de la Biblia: «Aquel que es el testigo fiel de todas esas cosas dice: «¡Sí, yo vengo pronto!». ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!» (Apocalipsis 22:20 NTV).

El Espíritu Santo mora dentro de nosotros y nos libera de un enfoque terrenal, para anhelar la gloriosa herencia que tenemos segura en Cristo Jesús. ¿Qué tanto deseamos los cielos nuevos y tierra nueva? ¿Qué tanto queremos ver cara a cara a Jesús? Este anhelo, este deseo debe de ser parte constante de nuestras oraciones. Así que clamamos: «¡Venga tu reino!»

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