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¡Ayuda! ¿Cómo uso bien mi tiempo?

Comenzamos un nuevo año, y de hecho, ¡ya se fue un mes completo! No hay tiempo que perder. Honestamente, una de las cosas que más se desperdicia es precisamente esto, el tiempo. En la Biblia hay dos palabras griegas que se han traducido como tiempo; la primera es cronos (Κρόνος), la cual hace referencia al tiempo cronológico, mientras que la segunda, kairos (καιρός), habla de una ventana de oportunidad. ¡Una oportunidad única que, si no se aprovecha, se dejará pasar! Piensa en un examen o una competencia deportiva; antes de que suceda, tienes la posibilidad de estudiar, prepararte o ejercitarte, pero si no lo haces y llega la fecha, habrás desperdiciado dicha ocasión, y el resultado será gravemente afectado dada la negligencia.

Necesitamos considerar cada segundo de este año precisamente de esta manera. Cada momento es una oportunidad que tenemos para hacer buenas acciones que den gloria a Dios y que tengan un impacto en la eternidad. Ahora bien, si le preguntamos a la gente: «¿Te gustaría desperdiciar tu tiempo?». La mayoría, si no es que todos, contestaran un rotundo: «¡No!». ¿Entonces, porque razón la gente desperdicia tanto su tiempo? Vivimos en una generación bombardeada por distracciones, y muchas veces, aún sin quererlo, nos vemos envueltos en prácticas y situaciones que, cuando menos lo pensamos, ya afectaron nuestra productividad.

Toma en cuenta los siguientes consejos que te ayudarán a redimir bien tu tiempo en este año lleno de retos y oportunidades:

Pon en orden tus prioridades

El desequilibrio de las prioridades es sin duda una de las principales razones por la cual la gente desperdicia su tiempo. ¿Estoy descuidando algo prioritario por darle mayor peso a algo de menos importancia? Por ejemplo: ¿estoy descuidando mi relación con Dios por otros pasatiempos? Hay muchas familias destruidas porque el padre de familia los descuida al darle mayor importancia a su trabajo. Entre más te alimentes de la Palabra, más descubrirás qué cosas son de mayor importancia para Dios y cuales tienen una prioridad significativamente menor. Si reconoces que tus prioridades están de cabeza, acércate en arrepentimiento al Señor, descansa en su gracia y deja que el Espíritu Santo te ayude a poner tu mundo interior en orden.

Piensa en el valor eterno de las cosas

No tiene nada de malo invertir tiempo en actividades recreativas, pero cuando veas que estás invirtiendo más tiempo del debido en estas actividades, hazte la siguiente pregunta: ¿Qué trascendencia tendrá esto en la eternidad? Todo lo que hacemos sobre la tierra tiene un impacto a la luz de la eternidad. El apóstol Pablo precisamente nos estimula a permanecer firmes en el servicio al Señor, pues llegará el día en que el tiempo bien invertido será recompensado. «Por lo tanto, mis queridos hermanos, manténganse firmes e inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo en el Señor no es en vano» (1 Corintios 15:58 NVI). Pide al Señor que te permita ver el valor real de todas las cosas.

Imita a gente diligente y productiva

Esto es precisamente a lo que el autor de Hebreos nos invita: «Deseamos, sin embargo, que cada uno de ustedes siga mostrando ese mismo empeño hasta la realización final y completa de su esperanza. No sean perezosos; más bien, imiten a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas» (Hebreos 6:11-12 NVI). Observa la vida de grandes líderes, hombres de fe, algunos de edad más avanzada y llenos de experiencia; aprende de sus errores, imita su carácter y disciplina. Sin duda podemos encontrar en ellos grandes maestros que nos impulsarán a ser buenos mayordomos de nuestro tiempo. Tal vez, en la medida en la que exista la confianza, alguno de ellos puede convertirse en un mentor que esté  cerca dándote consejos y advertencias con base en tu desempeño.

Quiero finalizar con un estímulo para considerar la mejor manera de invertir bien el tiempo. ¡Proclama las buenas nuevas de Jesús! Pide al Señor valentía para predicar su Palabra y gracia para reflejar a Cristo a través de nuestra vida y nuestras acciones. Que este sea un año memorable en los registros celestiales. No hay mejor manera de hacer tesoros en el cielo que viviendo para aquél que le da sentido y propósito a la humanidad.

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