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Tres hábitos indispensables para un cuerpo sano

Dentro de los propósitos para el nuevo año hay una meta que ha permanecido y estará siempre ahí: tener un estilo de vida saludable. Los tamales, los buñuelos, la natilla, las trasnochadas y algunos excesos (no pecaminosos) a los que tenemos permiso durante las festividades, han terminado. Estas son algunos comportamientos clave que te ayudarán no solo a estar saludable, sino a que el cuerpo de Cristo, del cual eres parte, también lo sea.

Piensa bien de ti mismo

Eres el reflejo de lo que piensas acerca de ti. Si crees que eres una persona exitosa, que Dios está contigo, que tienes su favor y gracia, eso reflejarás, lo verán los demás y de esa forma serás tratado. A menudo tu discurso interno está determinado por historias pasadas y experiencias que controlan la forma en que te hablas a ti mismo.

Ni el odio hacia ti ni creerte un dios entre los hombres es la forma en que Dios quiere que te veas. Al respecto Pablo nos da un consejo en Romanos 12:3: «Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado». ¿De dónde viene esa medida de fe? Pablo mismo nos dice en Romanos 10:17 (RVR60): «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios».

La forma en que pensamos de nosotros mismos está determinada por lo que dice la Biblia. Por eso si seguimos poniendo como fundamento de nuestra autoestima lo que otros o incluso nosotros opinamos acerca de nuestra persona, estaremos en serios problemas. Solo lo que dice Dios nos en su Palabra nos dará claridad sobre lo grandes que él necesita que seamos para llevar a cabo sus planes, pero también cómo ser humildes a medida que los realizamos .

Elige el buen alimento

Comer para vivir y no vivir para comer, una frase difícil de aplicar porque en cuanto a la comida sí que es fácil caer en extremos. Uno de ellos es consumir lo primero que se nos ocurre y el otro no comer lo suficiente tomando como excusa los afanes de la vida. 

Lo problemático es que muchas veces ocurre lo mismo con nuestra alimentación espiritual. Un cuerpo sin alimento o que se alimenta de productos de mala calidad, se deteriora. A veces nos distraemos con chucherías que creemos que llenan nuestro espíritu pero al final nos dan una sensación de falsa saciedad.

Jesús dijo: «Yo soy el pan de vida». 1 Pedro 2:2 dice: «deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así, por medio de ella, crecerán en su salvación». Según esto, dos fuentes de alimento verdadero están en pasar tiempo con Dios y en «consumir» la Palabra como niños, no solo que la desean sino que la necesitan.

Alínea tus actividades con los valores que te definen

Muchas personas sufren estrés laboral porque es una actividad con la que no se identifican, una labor necesaria pero poco apasionante. Entonces empiezan a pensar que solo fuera de su trabajo pueden dedicar tiempo a lo que les apasiona. Es desmotivante pasar todo un día en un lugar mientras estás pensando que desearías estar en otro lugar haciendo algo diferente.

Por eso, la primera tarea es precisamente esa, saber cuáles son los valores que te definen. Lo segundo, saber si Dios quiere que estés en el lugar en el que te encuentras. Si eres de aquellos que odia su trabajo, hay una pregunta que debes hacer: ¿Qué quiere Dios que aprendas allí?, ¿estás dispuesto a aprender y mientras tanto seguir soñando?

Agradecidos sí, conformes no. Si no te gusta lo que haces, aprende todo lo que puedas en ese lugar, pero no te conformes con pensar que debes estar allí para siempre. No dejes que la frustración te robe lo que Dios le dio al ser humano únicamente, la capacidad de soñar.

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