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Porque «¡ups!» no es suficiente.

Vivimos en un mundo acelerado y hemos adaptado las palabras al ritmo de nuestra vida, cortándolas de tal manera que se diga poco pero se exprese mucho. Por eso para decir que estamos bien usamos OK, para reírnos está LOL, a nuestro mejor amigo lo llamamos BBF y hasta nos asombramos diciendo simplemente OMG! Entre estas y otras existe una que causa curiosidad por su aplicación y poca reverencia: ¡Ups!

«¡Ups!» es una expresión utilizada para dar a entender a nuestro interlocutor que hemos cometido un error, hecho algo ofensivo o inapropiado y estamos conscientes de ello, pero no nos parece tan grave.

El problema llega cuando nos acostumbramos a «embarrarla», no solo con las personas sino con Dios, entonces «¡ups!» se vuelve parte de nuestro vocabulario diario. Lo peligroso de esto es que así empezamos a practicar un deporte poco saludable: pecar por hobby.

Tiene importancia

Santiago 4:17 dice: «Así que comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace». La práctica habitual del pecado comienza con un «¡Ups!», «fue sin querer», «tú me entiendes», «solo fue esta vez».

El problema con esta palabra es que le resta importancia al error. A Dios le interesa nuestro corazón y no nuestras obras, por eso 2 Corintios 7:10 dice: «La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte».

Él no solo quiere que seamos conscientes de nuestro error, también que no volvamos a cometerlo. Tampoco se trata de convertir nuestras fallas en una carga ni de sentirnos como viles. Se trata de darle honor a Dios y valorar con profunda admiración el sacrificio de la cruz, gracias al cual encontramos perdón.

Otra palabra significativa

Lo fácil nunca es bueno y lo bueno nunca es fácil, por eso mientras es sencillo decir «¡ups!», es más difícil pronunciar otra palabra que sí tiene mucho significado: «perdóname». La diferencia entre una y otra es que la primera sale de nuestra boca mientras la segunda viene del corazón. Pedir perdón no solo expresa lamento por las fallas cometidas, es también honrar a quien hemos ofendido.

Por eso la Biblia dice que si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad, porque su amor es infinito. Expresemos verdadero arrepentimiento para que nuestra vida no sea la misma. Reemplacemos un simple «¡ups!» por un sincero «perdóname».

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