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Un encuentro con Dios lo cambia todo

Lo has comprobado en tu vida. Lo has leído en la Biblia. Así que no dejes que pase un día sin estar cara a cara con Dios, descubriendo su belleza y poder transformador. No se trata de un evento de la iglesia ni de algo exclusivo para unos cuantos. Cada vez que quieras puedes encontrarte con el Creador del universo sin pagar un centavo ni pedir cita previa. Las experiencias de Kim Walker-Smith, Bill Johnson y Heidi Baker te inspirarán a buscar encuentros con él que marquen tu vida para siempre.

Kim Walker-Smith

Antes de dirigir adoración y alabanza con la banda estadounidense Jesus Culture e interpretar canciones como «How He Loves» («Él nos ama») y «Rooftops» («Tuyo soy»), que suman casi 30 millones de reproducciones en YouTube, Kim Walker era una joven temerosa y tímida. Todo cambió una tarde en la iglesia, cuando tuvo una visión: Jesús caminaba hacia ella cantando. «Me atrapó, me abrazó y siguió cantando sobre mí», recuerda Kim. Ese día, sintió que su inseguridad se rompía, así como la necesidad de hacerle dos preguntas a Dios. Sin embargo, no las hizo.

Entonces, escuchó que el líder de la reunión dijo, usando el micrófono: «Chicos, quiero que le hagan dos preguntas a Jesús: ¿qué estabas pensando cuando me creaste? y ¿cuánto me amas?». Kim quedó aterrada, eran las mismas preguntas que estaban dando vueltas en su cabeza. Solo podía llorar y temblar, hasta que se armó de valor y le preguntó a Dios: «¿Cuánto me amas?». Con sus ojos espirituales, vio que Jesús estiraba, estiraba y estiraba sus brazos hasta que ella no podía ver el fin. Se rió y le dijo: «¡Así te amo!». Kim quedó tan satisfecha que prefirió no hacer la otra pregunta, pero semanas después, estando en una casa de oración, como todas las mañanas, no tuvo escapatoria.

Vio a Jesús entrar el cuarto diciéndole: «Quiero que me hagas la otra pregunta». Ella cayó al piso llorando y supo que estaba en el cielo junto al Padre e Hijo. El Padre tomó un pedazo de su propio corazón y empezó a moldearlo como plastilina hasta que hizo una figura de Kim. Luego, la puso en un clásico joyero musical.  Cada vez que el Padre abría el joyero, la figura de Kim bailaba y cantaba, y él se emocionaba al verla, gritaba y aplaudía. Jesús le dijo: «Al Padre le encanta cuando adoras, por eso te creó». Después, vio cómo él tomaba la figura y la metía de nuevo dentro de su corazón, donde encajaba perfectamente, mientras le aseguraba: «Aquí te hice, aquí perteneces. Me haces feliz, por eso te creé. Amo cómo me adoras, cómo danzas. ¡Eres graciosa!».

Ese encuentro, ese amor de Dios, esas afirmaciones, transformaron la vida de una niña herida a los cuatro años por el divorcio de sus padres. «Ahí recibí mi liberación y empecé el camino de la adoración, sobre el estándar de que era realmente amada por él; para eso me había hecho, ese era mi destino».

Bill Johnson

Como si 10 mil voltios de electricidad hubieran recorrido su cuerpo. Así describe Bill Johnson los encuentros que tuvo con Dios tres madrugadas seguidas de 1985. Llevaba ocho meses orando por más del Espíritu Santo, sin importar el costo, pero no imaginaba que la respuesta vendría de esa manera.

Solo podía mover la cabeza y recordar que Jacob había quedado cojo y María había resultado embarazada después de encontrarse con el poder sobrenatural de Dios. De repente escuchó: «¿Hablabas en serio cuando orabas que querías más de mí a cualquier precio?».

No fue fácil responderle a Dios. Lloró más de 20 minutos, creyendo que podría quedar inmóvil por el resto de su vida y recibir cualquier cantidad de burlas. «¡Lo acepto! Si recibo más de ti, puedes hacer lo que quieras. ¡No me importa!», gritó Bill finalmente. Su cuerpo volvió a la normalidad pero entendió una lección que le cambió la vida: si no eres controlado e influenciado por el temor a Dios, lo serás por el temor al hombre. Te paraliza Dios o te paralizan las opiniones de otros, dice el pastor principal de Bethel Church, en Redding, California, desde 1996.

Esa lección ha sido clave para liderar una iglesia de nueve mil personas en una ciudad de 90 mil, en la que los testimonios de sanidades, milagros y maravillas abundan, con sedes en Atlanta, Cleveland, Valparaiso y Austin, en Estados Unidos, y en Nueva Zelanda, Oceanía.

Bethel Music, el ministerio de alabanza liderado por su hijo Brian, ha exportado canciones como «This Is Amazing Grace» («Gracia sublime es»), «No Longer Slaves» («Ya no soy esclavo») y «One Thing Remains» («Tu amor sin fin»). Sus conferencias anuales, dentro y fuera de Redding, congregan gente de todos los continentes, al igual que el colegio, Bethel School of Supernatural Ministry (BSSM).

«Nací para el avivamiento y buscaré el avivamiento; no será negociable», ha sido una de las premisas del hombre de 66 años, que ha aprendido a recibir tanto aplausos como críticas. A subirle el volumen a la voz de Dios y bajarle a la de otros. Es autor de unos 35 libros, incluyendo «Cuando el cielo invade la tierra», y un permanente hambriento espiritual.

Heidi Baker

Encontrarse con Dios ha sido su pan de cada día desde los 16 años, cuando lo conoció en una reserva indígena en Estados Unidos. La noche siguiente fue bautizada por el Espíritu Santo y a los cinco meses tuvo una visión en la que el Señor le decía: «Te he llamado para ser misionera en África, Asia e Inglaterra».

Heidi Baker y su esposo Rolland viajaron a Indonesia con 30 dólares en los bolsillos y 16 años después tenían 320 niños bajo su cuidado, dos iglesias en Mozambique, una en Hong Kong y otra en el Reino Unido, y habían fundado la organización Iris Global. Pero la carga era tan grande, en todo sentido, que estaban a punto de tirar la toalla.

Llegaron al avivamiento de Toronto, Canadá, en 1996, sedientos de Dios. Heidi fue sanada de pulmonía y tuvo uno de sus encuentros más impactantes con el Señor. En una visión, Jesús le dijo que no se preocupara por la provisión para los niños porque él había muerto para que siempre hubiera suficiente. Después, en plena predicación, corrió hacia la tarima, se arrodilló y comenzó a gritar, desesperada por más del Espíritu Santo. Era la primera vez que el predicador la veía y le habló de parte de Dios: «“¿Quieres la nación de Mozambique?”, te pregunta él». La misionera respondió: «¡Sí!». «Los ciegos verán, los sordos oirán, los cojos caminarán, los muertos resucitarán y los pobres escucharán las buenas noticias», profetizó el hombre.

Un año después, «los ciegos empezaron a ver, los sordos empezaron a escuchar, los paralíticos empezaron a caminar. Tres de nuestros pastores mozambiqueños resucitaron muertos. El crecimiento de la iglesia fue explosivo», relata Heidi en el libro «El nacimiento de lo milagroso».

Iris Global tiene hoy 34 bases misioneras en 30 naciones. Ha plantado más de 10 mil iglesias en África y Asia. Algunas, entre tribus que antes eran las más numerosas sin haber escuchado el evangelio en África suroriental. Está construyendo una universidad y trabajando para rescatar a un millón de pequeños huérfanos y ver avivamiento en los países más pobres del mundo.

Heidi ha visto a niños que se prostituían a cambio de pan, convertirse en profesionales y predicadores; a pueblos que no habían escuchado el evangelio, conociendo a Dios. Dice que todo eso es producto de encontrarse con él: «Cada mañana cuando me levanto, lo primero que pido es que el Espíritu Santo me posea. Oro eso todo el tiempo. Quiero estar totalmente poseída por él».

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