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Historias que no son cuentos

¿Qué es el temor? Muchas veces es simplemente el miedo o la preocupación de lo que podría salir mal y, si no tenemos cuidado, éste puede terminar por consumirnos la mente pensando en la amplia gama de posibilidades, usualmente en cuanto a cosas sobre las que no tenemos el control. En ocasiones, el temor puede venir como una reacción natural a alguna situación adversa por la que pasamos e incluso es buena para nosotros porque nos recuerda lo dependientes que somos de Dios, pero otras veces puede convertirse en un pecado, porque nos ciega de la realidad de que Dios siempre está con nosotros, al control de cada cosa que sucede a nuestro alrededor, sobre todo cuando el temor ha llegado al punto de que nos paraliza o nos impide seguir adelante.

Sabemos, a pesar del temor que podamos enfrentar, que verdaderamente estamos seguros, que el poder de Dios es real. Pedro mismo nos recuerda en la Palabra de cómo fue testigo de este poder con sus propios ojos. «Cuando les dimos a conocer la venida de nuestro Señor Jesucristo en todo su poder, no estábamos siguiendo sutiles cuentos supersticiosos, sino dando testimonio de su grandeza, que vimos con nuestros propios ojos» (2 Pedro 1:16 NVI). Después de decir esto, Pedro nos sugiere que nos apeguemos a la Palabra, porque es el testimonio más seguro que nos va a recordar el poder que se encuentra en Cristo: «Esto ha venido a confirmarnos la palabra de los profetas, a la cual ustedes hacen bien en prestar atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y salga el lucero de la mañana en sus corazones» (1 Pedro 1:19).

Como dice este último versículo, la Palabra de Dios es como una lámpara que va alumbrando nuestro camino, nos permite entender el lenguaje de Dios y conocerlo; sin prestar atención a esta Palabra no entenderíamos sus propósitos y no podríamos estar en paz con las situaciones que suceden a nuestro alrededor. Pero como ahora lo conocemos, hemos visto su poder y reconocemos el testimonio de las Escrituras, podemos confiar frente a toda situación adversa, deshaciéndonos del temor y llenándonos con su Espíritu.

Prestar atención

Por ejemplo, uno de los pasajes que hace poco me trajo luz en cuanto a la manera en la que Dios está pendiente de nosotros se encuentra en el Segundo libro de Reyes, y trata acerca de una de las veces en que Eliseo se encuentra con la mujer sunamita.

Eliseo había sido en el pasado muy bendecido por la vida de esta mujer, quien cada vez que él pasaba por el pueblo le daba asilo y alimento, ¡hasta le construyó un cuarto en su casa para cuando él viniera a quedarse! Por su parte, Eliseo había bendecido de parte de Dios a esta mujer con varios milagros sobrenaturales, entre ellos un hijo, y más adelante la resurrección del mismo. En una ocasión, Eliseo le pidió a la mujer que se fuera a vivir a tierras filisteas porque habría gran hambre por siete años.

Cuando terminaron los siete años, era el deseo de la mujer volver a su casa, y a pesar de que imagino que ella ha de haber estado muy agradecida con Eliseo y con Dios por haberla librado de ese tiempo de hambre, pienso que también ha de haber estado preocupada por su casa: ¿qué habría pasado con ella durante esos siete años?, ¿estaría en buen estado?, ¿habría sido tomada por alguien más? La situación de esta mujer me recuerda mucho a situaciones que a veces pasamos, puesto que aunque tengamos salud y familia, nos preocupamos por detalles en nuestro trabajo o por cosas materiales como una casa, un carro, unas vacaciones, etc. No sé qué haya pensado esta mujer, pero dice la Biblia que decidió ir ante el rey para pedirle su casa y sus tierras.

Cuenta la historia que el rey se encontraba con Giezi, el siervo de Eliseo, y éste le había pedido que le contara acerca de los milagros que Dios había hecho a través de Eliseo y entre ellos, Giezi comenzó a contarle acerca de la vez que Eliseo había hecho vivir a un muerto. Justo en el momento en el que la mujer entró a pedir al rey este favor, ¡Giezi la reconoció y le dijo que fue el hijo de ella a quien Eliseo hizo esto! Debido a esta gran coincidencia, el rey termina ordenando a uno de sus oficiales: «Hazle devolver todas las cosas que eran suyas, y todos los frutos de sus tierras desde el día que dejó el país hasta ahora» (2 Reyes 8:6).

¿No te parece esto una coincidencia muy grande? Para nosotros ha de parecer así, pero esto me hace ver que hasta en los pequeños detalles y de las maneras más creativas, Dios está al control de todo y no hay un momento en que nos pierda de vista o se olvide de nosotros.

Una palabra que brilla en lugar oscuro

Así como en esta ocasión esta palabra me recordó que Dios está pendiente de cada detalle, que nada se escapa de sus manos y que no se olvida de mí, su Palabra está siempre presente para darnos ánimos y alumbrarnos en esos lugares en los que aún no hemos entendido o en los que nos hemos dejado guiar por temor, pecado, o cualquier otra cosa que no sea él. Permanezcamos apegados a su Palabra y nunca nada nos podrá apartar de nuestra fe, nunca perderemos la fortaleza ni el amor al Señor.

La historia de esta mujer sunamita no es solamente un cuento, sino una realidad celestial que si miramos con atención, encontraremos también en nuestras vidas. Dios siempre hallará la manera de librarnos y ayudarnos, hasta en los más pequeños detalles.

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