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Con el agua al cuello

En todas las lenguas hay frases que hablan más allá de las palabras. Oraciones que no tienen un significado literal y que, aunque sepamos qué quiere decir cada palabra, si no estamos familiarizados con el contexto o el uso que se le da, nunca sabremos lo que quiere decir. 

Cuando por fin descubrimos la sabiduría, humor o enseñanza que encierra, independientemente del idioma, nos damos cuenta de cuánto nos identificamos con esa idea. «I’m in over my head» es una expresión en inglés que describe exactamente cómo nos hemos sentido todos aquellos que somos conscientes de que hemos recibido un llamado de Dios.

Más profundo

Es muy probable que conozcas la traducción al español de cada palabra que compone esa oración, pero la frase completa es un poco menos sencilla de traducir, para ponerlo en palabras de comunes, o mejor, en palabras de calle, significa: con el agua al cuello… o un poquito más arriba.

«I’m in over my head» nos habla de esos momentos en los que Dios nos llama a profundizar nuestra relación con él y alejarnos de la seguridad que nos ofrece vivir en la orilla. Nuestro corazón mira hacia la profundidad del mar y anhela ir más allá, pero necesitamos algo que nos obligue a ir más profundo, eso no es otra cosa que el llamado. Entonces nos adentramos en lo desconocido hasta que, o aprendemos a caminar sobre el mar o nos hundimos. 

«…si realmente eres tú»

La Biblia dice que los discípulos estaban en el lago en una barca y tenían problemas y mucho miedo a causa de la tormenta. Jesús decidió meterles un buen susto y se acercó caminando sobre el agua. Cuando Pedro se dio cuenta de que era Jesús, (y creemos que esta es la parte más sorprendente de todo lo que ocurrió) le dijo: «Señor, si realmente eres tú, ordéname que vaya hacia ti caminando sobre el agua».¿Qué? Pedro sabía que si Jesús le decía que hiciera algo, por imposible que pareciera, él iba a lograrlo. Y efectivamente así pasó: «Sí, ven», dijo Jesús. Entonces Pedro se bajó por el costado de la barca y caminó sobre el agua hacia Jesús (Mateo 14:28-30). 

Pedro no le dijo a Jesús: «Ordena a la tormenta que se calme», o «haz que el agua se convierta en piedra». Pedro prefirió que Jesús le diera una orden a él y no que cambiara el desafío. Pedro creyó, aún cuando después dudó, que si Jesús le daba una orden, él la obedecería aunque esta superara su capacidad. 

Confiar y caminar, no al revés

No solamente necesitamos confiar en las promesas de Dios, esas que nos hablan de que saldremos del desierto, que nuestro futuro es bueno o que nuestra familia lo conocerá a él. También necesitamos confiar en sus órdenes. En que cuando nos pide que hagamos algo, lo haremos. Y aunque a veces dudemos, él estará allí para darnos la mano. 

Para cumplir nuestro llamado Dios nos necesita en ese lugar en el que nos ahogaremos, haciendo cosas que no podríamos hacer a menos que confiemos en él y sepamos que a través de lo que nos ordena, haremos y veremos lo sobrenatural. 

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