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El nacimiento de una promesa

Lecciones acerca del nacimiento de una promesa

Lecciones acerca del nacimiento de una promesa

Entre quedar embarazados de los planes del Señor y darlos a luz hay todo un proceso. El nacimiento de un bebé suele tardar nueve meses más o menos, producir mareos y dolores de parto, entre otros síntomas. María, la madre de Jesús, experimentó las dos cosas en una, el nacimiento de un niño y el cumplimiento de la mejor promesa para la humanidad, la razón por la cual celebramos la Navidad. Nos pusimos en los zapatos de ella para recolectar 13 lecciones acerca del nacimiento de una promesa que nos daría a quienes anhelamos concebir los bebés espirituales que hay en nuestro interior:

1. Eres favorecido, el Señor está contigo

Eso fue lo primero que el ángel Gabriel me dijo cuando se presentó para prometerme que sería la madre de Jesús. Esta es una verdad para todos los que recibimos el llamado de Dios a hacer parte de sus planes eternos.

2. Te esperan cosas sin sentido humano

Lo que no imaginaba era que ser favorecida incluiría quedar embarazada por el poder del Espíritu Santo, antes de casarme y siendo virgen. No existía una forma natural. Los escritos judíos no me daban un punto de referencia. Nadie a mi alrededor había vivido algo parecido. Así es como suelen lucir las promesas de Dios: sinsentido e imposibles.

3. Es normal que tengas miedo y muchas preguntas

Cuando escuché la promesa quedé aterrada: Jesús sería muy grande y lo llamarían Hijo del Altísimo. Dios le daría el trono de su antepasado David y ¡su reino no tendría fin! Le pregunté al ángel cómo podría suceder eso, si yo era virgen. Él me tranquilizó y recordó que para el Señor no hay nada imposible. No se enojó porque estuviera asustada ni porque le expresara mis dudas.

4. Solo di que sí

Aunque todo seguía siendo incomprensible, decidí responderle sí a Gabriel: «Soy la sierva del Señor. Que se cumpla todo lo que has dicho acerca de mí». Pude haberle dicho algo como «amo a Dios, amo esta experiencia sobrenatural, pero estoy muy asustada. Soy virgen, ¿qué van a pensar José y mi familia? Mejor, dile al Señor que busque a otra persona que dé a luz la promesa».

5. No todos te creerán 

Te imaginarás cómo me sentí cuando mi prometido, José, no me creyó. Era un hombre bueno y no quiso avergonzarme en público, pero rompió nuestro compromiso. Necesité la intervención de un ángel que le explicó lo que había pasado, para que cambiara de opinión y me aceptara como esposa. Es posible que, aun las personas que amas y te aman, duden de lo que Dios te ha prometido y cuestionen lo que haces para lograrlo, pero por experiencia puedo decirte que sí él lo prometió, él lo cumplirá.

6. Rodéate de más embarazadas

Visitar a Elisabet fue muy alentador. Cuando la saludé, su bebé saltó en su vientre, ella se llenó del Espíritu Santo y me dijo: «Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y tu hijo es bendito. Eres bendita porque creíste que el Señor haría lo que te dijo». ¡Cuánto me hacían falta esas palabras! Solo alguien que espera un bebé que ama o el cumplimiento de una promesa muy anhelada, sabe lo que necesitas para no rendirse ante el desánimo, el cansancio o la impaciencia.

7. No abortes la promesa

El embarazo implica sacrificios: cargar un gran peso, tener malestares e incomodidades. El bebé te estira, hala todo lo que hay dentro de ti y te da una nueva forma. Te da una nueva perspectiva frente a las cosas, pero también esperanza acerca del futuro. Algunas personas prefieren abortar, pero Dios está buscando personas que le digan sí a sus promesas tanto cuando estén disfrutando el proceso, como cuando las cosas se pongan difíciles y tengan que hacer sacrificios para llegar a ver su cumplimiento.

8. Adora mientras esperas

No canté El Magníficat pensando en que se convertiría en un hit. Fue la adoración espontánea que brotó de mí cuando comprendí que Dios se había fijado en mí cuando ni yo misma me consideraba apta y por eso las generaciones me llamarían bendita. Cada vez que nos enfocamos y adoramos al Dador y cumplidor de promesas, recibimos fuerzas sobrenaturales para cargar nuestro bebé (promesa) con alegría.

9. Te sentirás fuera de lugar

Donde quiera que iba, tenía que lidiar con miradas y comentarios molestos. Llevaba dentro de mí la promesa de Dios, pero la gente me consideraba una persona impura. En la mayoría de lugares no encajaba, tanto así que nadie nos hospedó, aunque el bebé estuviera por nacer. Finalmente, José y yo llegamos a un establo lleno de animales, no olía muy bien ni era la forma en que soñamos que sucedería. Sin embargo, allí nació Jesús. Así como el Señor nos dio la promesa, Él mismo dispuso también la forma y el lugar en que veríamos su cumplimiento.

10. Te dolerá

El parto produce un estiramiento, los vasos sanguíneos se rompen y esto causa muchísimo dolor. Pero, como decimos todas las mamás, una vez tienes al bebé en brazos y lo miras a los ojos, olvidas lo difícil que fue. El gozo se vuelve más grande que el sufrimiento. Mucho más, al ver que el niño crece y cumple el propósito del Padre.

11. Algunos querrán matar tu bebé

Cuando Herodes envió a matar a todos los niños que vivían en Belén y sus alrededores, tuvimos que huir a Egipto. Pero no solo personas querrán destruir tu promesa, sino pensamientos negativos, desánimo e incredulidad. Tendrás que cuidarlo y cuidarte. Solo Dios te dará la fuerza que necesitas para defender la promesa que viste crecer día a día dentro de ti y la convicción para no rendirte.

12. Disponte para que Dios haga lo que quiera

Simeón me profetizó una vez en el templo: «Este niño está destinado a provocar la caída de muchos en Israel, pero también será la alegría de muchos otros. Fue enviado como una señal de Dios, pero muchos se le opondrán. Como resultado, saldrán a la luz los pensamientos más profundos de muchos corazones, y una espada atravesará tu propia alma». Eso fue lo que sentí cuando vi a mi hijo Jesús en la cruz. Tuve que recordarme muchas veces que antes de ser mi hijo, era el hijo de Dios y su Padre tenía un plan eterno con Él. Tuve que recordar que aunque tuve a ese niño dentro de mí, no me pertenecía, que su misión era mayor que yo y más grande que mi amor por él.

13. Lo lograrás

Si siendo una joven normal, pude llevar en mi vientre a Jesús y darlo a luz, tú también podrás hacerlo con cada promesa que Dios ha puesto en ti. El precio fue más alto de lo que imaginé, pero tuve el privilegio de ser testigo y partícipe de los planes de Dios para el mundo.

Dios necesita personas que crean en sus sueños, así que créele al Él todas y cada una de las palabras que ha dicho, si no las recuerdas, ve a tu Biblia, subráyalas y escríbelas, no las olvides y piensa que ya están dentro de ti, creciendo, madurando y esperando a que Él diga el lugar, la hora y el momento en que las verás con tus propios ojos. Finalmente, recuerda que «Dios no es un simple mortal para que mienta o cambie de parecer. Si él habla, ciertamente actúa; si él dice algo, lo lleva a cabo» (RVRC).

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