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Elevando el estándar.

Elevemos el estándar

El estándar correcto

Muchas veces en la vida cristiana evaluamos a Cristo con el estándar con el que hemos sido evaluados por otros, o con el que nosotros mismos hemos evaluado a nuestro prójimo. Creemos que Cristo será con nosotros así como hemos sido con los demás y, entonces comenzamos a adquirir visiones erróneas acerca de lo que Cristo espera de nosotros. Hay quienes terminamos viendo el cristianismo como una lista de reglas que tenemos que cumplir. Y, por el otro lado, hay quienes nos encontramos en la familia de Dios pensando en que ahora tenemos libertad para hacer todo lo que queramos.

La realidad es que la Palabra de Dios nos explica esta compleja situación de una manera relativamente sencilla. El apóstol Pablo dice «Todo me es lícito, mas no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica» (1 Corintios 10:23), lo cual es totalmente cierto. En Cristo tenemos libertad ya que no es por medio de lo que nosotros hagamos ni de nuestras obras que obtenemos la salvación, pero a la vez, Pablo nos recuerda en este verso que no todo lo que podemos hacer nos conviene ni nos edifica.

Culto racional

En otra ocasión Pablo menciona la siguiente palabra, «Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: Que si uno murió, luego todos son muertos; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, mas para aquel que murió y resucitó por ellos» (2 Corintios 5:14-15). El amor de Jesús es tan deleitoso, tan bueno para con nosotros, tan constante en nuestra vida y tiene tantos atributos deseables, que con esa bondad nos atrae y nos hace querer corresponder. Es por eso que, aunque no estemos obligados, sea nuestra reacción natural o lógica entregarlo todo en respuesta a lo que estamos contemplando y experimentando; es «nuestro culto racional» (Romanos 12:1).

Sin embargo, cuando llegamos a ese punto en nuestra vida, nos damos cuenta de que no es una tarea sencilla seguir a Jesús y hacer su voluntad. En ocasiones creemos que será fácil pero la verdad es que aquel discípulo que decide darlo todo va a llegar al lugar a donde Cristo llegó: la muerte; y lo creas o no, es el mejor lugar en donde puedes estar. Aquellos que han muerto a los deseos pecaminosos, a las obras de la carne, y han resucitado juntamente con Cristo, estamos sentados juntamente con él en los lugares celestiales y tenemos la ciudadanía de los cielos, no hay cosa mejor a la que podamos aspirar en la vida.

Tarea radical

Seguir a Cristo hasta la cruz es una tarea radical que nos va a incomodar, nos va a retar y nos va a llevar a menguar. A lo largo de los evangelios, vemos escenas en las que Jesús una y otra vez reta la cultura a la que los judíos de esa época estaban acostumbrados. Ellos vivían según las costumbres de su pueblo y las influencias del mundo grecorromano, pero Jesús vino a desafiar todo esto. Por ejemplo, la costumbre dictaba: «Si alguien te hace algún daño, devuélveselo, cobra venganza». Jesús les recuerda en alguna ocasión esta idea y les dice: «Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente» (Mateo 5:38).

En medio de esa cultura, lo que él plantea es algo totalmente distinto: «Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra» (Mateo 5:39). La religión dice: «No cometerás adulterio» (Mateo 5:27), pero Jesús levantó el estándar y dijo: «Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón» (Mateo 5:28). La sociedad dice: «Puedes perdonar a alguien un par de veces», pero, en irrumpiendo esa tradición, Jesús dice: «Perdona setenta veces siete».

Requisitos radicales

Hay muchas otras ocasiones en las que Jesús dijo cosas radicales a sus seguidores, ocasiones en las que perdió discípulos incluso. Él dijo cosas como: «Si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno» (Mateo 5:30), o cosas como «Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios» (Lucas 9:62).  También en alguna ocasión Jesús dijo: «Una sola cosa te falta; anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme» (Marcos 10:21).

En fin, una y otra vez a lo largo de los evangelios y de la Palabra en general, Dios nos reta a cosas diferentes, a ir contra nuestra propia cultura y aún en contra de lo que pensamos que es religiosamente correcto, para llevarnos a un punto en el que somos guiados por su amor y por el seguirle a él.

¿Un estándar imposible?

El punto de meditar en esto no es asustarnos recordando que es imposible cumplir el estándar de Jesús, de hecho, parte de lo que estas enseñanzas hacen es demostrarnos que sin él es imposible; la verdad es que no nos valemos por nuestras acciones, nos valemos de su gracia. Pero, es esta vida radical la que va a demostrar al mundo que hay algo diferente en este hombre al que nosotros llamamos nuestro salvador. Es diferente a todo lo que dicta la naturaleza humana caída, la cultura del mundo y aún el estándar religioso más alto no cristocéntrico. Cuando comencemos a ser la iglesia que piensa y actúa como Jesús, seremos un ejemplo a seguir, un rayo de esperanza, y aún antes de hablar, podremos llevar a muchos a los pies de Cristo.

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