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Tanque lleno

Tanque lleno

Tanque lleno

Hace poco en México sucedió algo que los medios denominaron como «desabasto de gasolina». Las gasolineras se quedaron vacías y veías largas filas de gente esperando para recibir combustible. Esto hacía que la gente cuidara mejor y estuviera más al pendiente de su tanque de gasolina.

Antes de este problema, muchos manejábamos las calles esperando a que el tablero del automóvil se pusiera rojo para indicarnos que ya teníamos que parar en una estación de gasolina. Sin embargo, después de que sucedió el desabasto de gasolina, pensábamos dos veces antes de salir a la calle para cuidar el tanque, volteábamos constantemente a ver el tablero mientras manejábamos y cuidábamos parar en una gasolinera mucho antes de que se prendiera el foco rojo.

¡Se nos acaba el aceite!

Así como recientemente en México nos tocó vivir esto, en la Biblia hay una historia de diez vírgenes que se vieron envueltas en una situación similar. Tenían que cuidar el combustible de sus lámparas para que se mantuvieran encendidas. Esto implicaba traer combustible suficiente y no desperdiciarlo. Sin embargo, no todas fueron prudentes en traer consigo lo necesario; dice la Biblia que cinco tomaron sus lámparas y el aceite, pero las otras cinco solamente tomaron sus lámparas.

A veces, en nuestra vida cristiana, somos como esas vírgenes insensatas que salen con su lámpara sin preparar el aceite, o como aquellos que utilizan su carro sin cuidar el tanque de combustible. Cuando andamos así, nuestras lámparas se apagan y no podemos estar con el Señor con la pasión, amor y entrega que daríamos si nuestras lámparas estuvieran llenas de aceite. Terminamos arrastrándonos en nuestros deberes, haciendo las cosas por obligación y sin ganas. Además, cuando el Señor regrese, habrá consecuencias. Dice Jesús al final de esta parábola: «Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir» (Mateo 25:13). Es importante que siempre andemos con nuestro tanque lleno, pues no sabemos lo que nos depara el futuro.

¿Cómo llenamos nuestro tanque?

Hay muchas maneras en las que puedes añadir combustible a tu tanque cada día. Una de las más importantes es la alabanza. La alabanza es algo que nos enciende en amor y pasión por el Señor mientras exaltamos su nombre con cantos y bailes. Nos hace recordar sus actos y sus obras que vemos en la Palabra, y también las que hace por nosotros. Es muy difícil que alguien que alaba a Dios verdaderamente todos los días se desanime cuando venga alguna situación difícil o algún obstáculo. La adoración también nos centra en Jesús cuando estamos en medio de la tormenta: pone nuestros ojos en el lugar correcto.

Otra manera de llenar tu tanque es dejando de pensar en ti mismo. En vez de ello, toma un momento para hacer algo por alguien más. Ora por alguien, bendícelo con algo que tú tengas que a él le haga falta, ayúdalo o consuélalo en alguna situación que esté pasando, simplemente pasa tiempo con él. Cuando la iglesia hace su labor en el cuerpo y logra ver el resultado de ello, es como un bálsamo para el alma.

Hay muchas otras formas que tenemos siempre a nuestro alcance para llenar nuestro tanque espiritual: orar, llenarnos de la Palabra de Dios a través de la lectura y la meditación, dar y compartir de lo que tenemos con un corazón alegre, servir en nuestra iglesia en algo en lo que se necesite ayuda, etc. Practiquemos todas estas cosas. Lo importante es que cuando Cristo vuelva, nos halle con el tanque lleno, lleno de amor por él y su presencia.

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