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La luz de la cruz

La luz de la cruz

La luz de la cruz

Casi a mitad de la noche, la luz de un poste de la calle se colaba difusa por la ventana, mientras la cortina servía de filtro para lograr un efecto que la expandía hasta crear la perfecta figura de una cruz. Al verla dejé de llorar, acababa de pedirle a Dios que me demostrara que no estaba sola y me sorprendí tanto que de inmediato sonreí. 

No me malinterpreten pero ninguna prédica, canción o estudio bíblico pudo haber causado una interrupción como lo hizo esa luz callejera. Parecía haber sido sacada de un relato de alguna de esas apariciones a las que luego le arman altar con velitas y le atribuyen milagros. Pero no, fue un instante intransferible que alivió mi pena y me recordó que Dios no se limita a nuestras maneras cuando se trata de recordarnos su presencia y su amor.

Señales en lo cotidiano

Él es tan original que cualquier estudio respecto a su actuar es limitado, sobretodo teniendo en cuenta que nace de seres humanos con una capacidad intelectual que, por impresionante que parezca, sigue siendo finita. 

En momentos de dificultad, esperamos manifestaciones sobrenaturales o escenas con efectos especiales, pero es curioso ver cómo el Creador de todo, que no tiene limitaciones y podría hacer retumbar su voz, parece disfrutar de lo que llamamos recursividad, no porque no tenga más, sino porque usa lo que está a nuestro alcance, lo que nos rodea, lo simple y cotidiano de nuestras vidas.  

Señales de lo eterno

Una característica más que nos deja ver un rasgo importante de su perfil: la creatividad. Dios nos enseña que el amor es el camino más efectivo para ser creativos. Para muestra, no solo se encargó del fino detalle de salvarnos y darnos una vida eterna, entre otras cosas, Jesús murió en la cruz para encender el bombillo de las ideas, aún más cuando se trata de acercarnos a él y mostrarnos su presencia. 

Tal vez, si mi deseo no hubiera sido encontrar una respuesta de Dios, habría visto esa luz en la ventana sin mayor importancia, así como cuando un ateo no quiere aceptar la existencia de Dios y como consecuencia no ve evidencias, aun cuando su propia vida es una muestra infalible.

Candidatos al asombro

Mateo 5:1-12 (NTV) describe cómo Dios trae su bendición dependiendo de la necesidad. «Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación» es uno de los versículos de este pasaje que nos pone a todos, sin distinción, en esa posición de candidatos para recibir, porque no hay nadie en el mundo a quien no le falte algo, lo que confirma que estamos hechos para depender de Dios, para ser sorprendidos, asombrados y para conectarnos con él de maneras que no imaginamos.

Es posible que, en el pasado, Dios haya puesto señales alrededor y no hayamos tenido la disposición para verlas, pero nunca es tarde, lo importante ahora prestar atención para no perdernos ninguna.

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