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¡Ups! No soy un héroe

Esta semana en mi casa decidimos tener un día familiar para ver una película. Terminamos viendo Aladdín, la historia del hombre «diamante en bruto» que era el único que podía entrar a la Cueva de las Maravillas para recuperar la lámpara mágica. Después de verla, me quedé meditando en algo, ¿cuántas más películas has visto acerca de ese personaje que es el elegido para algo especial?

Frodo es el hobbit elegido para llevar el anillo a destruir a Mordor, Anakin es el jedi elegido para cumplir la profecía, el rey Arturo es el único capaz de sacar la espada de la piedra. Y así, muchos libros y películas nos venden esta idea de que somos especiales para algo, elegidos, y que si somos buenos seremos recompensados.

No me malentiendas, claro que todos somos especiales, pues fuimos creados por Dios. El problema de este tipo de narrativa es que cuando la sacamos de la ficción y la tomamos como una lección de vida, centramos la historia en nosotros mismos. Justo como sucedió en el pecado original.

Cuando Eva decidió comer del fruto, dice la Biblia que era deseable para adquirir sabiduría (Génesis 3:6). Y ese ha sido el problema desde el inicio, desear algo que no sea a Dios. O poner el centro en algo que no sea Dios. Usualmente, cuando hacemos esto en nuestra vida, tendemos a poner todo alrededor de nosotros mismos, convirtiéndonos nosotros en el centro.

Valiosos, pero no por nuestra cuenta

¿Cuál es el problema de ver las cosas así? ¿Qué no será bueno para nuestra autoestima considerarnos importantes y valiosos? ¡Claro que sí! Pero encontrando nuestro valor dentro de Dios. En el momento en el que nos consideramos autosuficientes, olvidamos la ira de Dios que nos esperaba justo por ponernos a nosotros mismos en primer lugar.

Cuando Jesús murió por ti y por mí, quitó esa ira de delante de nosotros. Nos hizo aceptos ante Dios y nos dio un valor como hijos del Todopoderoso. Ahí es donde se encuentra nuestra valía. Cuando nos vemos a nosotros mismos como el héroe de nuestra propia historia, como el elegido para ayudar a todos, olvidamos que esos rasgos nos los ha dado Dios. No somos el héroe de esta historia. Todos somos personajes secundarios que están ayudando a que el propósito principal de la trama se cumpla: que Cristo sea glorificado en el mundo entero.

Valiosos en Jesús

Qué difícil es darse cuenta de que uno no es tan bueno o tan especial como esperaba. Pero en este caso no es algo que deba afectarnos para mal, puesto que hemos recibido una identidad nueva. Nos hemos hecho hijos de Dios y, por lo tanto, tenemos acceso a moldear nuestro carácter para que sea conforme al suyo. Potencialmente, ya somos amorosos, pacientes, humildes, y muchas características más.

Somos valiosos porque él así ha decidido que lo seamos, y el precio que pagó fue su sangre. Tomemos nuestra nueva identidad y utilicémosla no para creer que el mundo sigue girando alrededor de nosotros, sino para seguir haciendo que Jesús sea glorificado en medio de él.

«En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.» (Efesios 4:22-24, RVR60).

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