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Justo a tiempo

Es muy probable que te hayas topado con una historia que creías que estaba terminada, pero que se resuelve en el último minuto. Ya sea en una película, libro o serie de televisión, tendemos a toparnos seguido frente a estos recurrentes momentos «cliffhanger». De hecho, ese tipo de escenas reciben este nombre ya que la palabra en inglés significa «colgando de un acantilado» y es como dejar al personaje frente a una situación extrema antes de resolverla para incrementar el suspenso.

Algunos además de vivirlo en la ficción nos hemos topado con momentos en los que sucede una cosa mala tras otra y terminamos preguntando a Dios: «Ahora sí, Señor, ¿cómo me sacarás de esta?». Y nos quedamos observando en silencio, viendo nuestra propia vida en suspenso. En mi experiencia personal, aunque para nuestra perspectiva a veces el Señor tarda, él siempre viene al rescate.

Pero, ¿hasta cuándo?

Mira atentamente las preguntas con las que comienza el libro de Habacuc: «¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves? ¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento?» (Habacuc 1:2-3a, NVI). ¿Alguna vez te has sentido así? ¿Has hecho a Dios preguntas similares?

Más adelante expresa que estará alerta para conocer la respuesta que Dios tiene para su reclamo. Dios le da una visión en la que le explica el fin de los malvados y cómo solo el justo vivirá por su fe. Sin embargo, algo que aclara el Señor antes de darle toda la visión es que su palabra se cumpliría en el tiempo señalado. «Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá» (Habacuc 2:3b, NVI).

Tendemos a olvidar que los tiempos de Dios son distintos a los nuestros. Lo que nosotros llamamos tardanza, para él podría ser gracia y misericordia. Lo que llamamos prueba y desierto, él podría estar llamándolo bendición. Ante estos pasajes, mi corazón ruega a Dios que podamos estar atentos y alerta a la voz de Dios. Puede haber una queja en nuestro corazón por las cosas que no entendemos y que nos frustran, pero es importante que seamos como Habacuc, quien esperó a escuchar lo que Dios tenía que decir acerca de ese asunto.

Sin esperanza alguna

Otra persona en la Biblia quien se encontró en una situación similar fue Noemí, en el libro de Rut. Tanto su esposo como sus hijos habían muerto y ella se encontraba sin esperanza en tierra extranjera. Pero, al final de la historia, Dios trae esperanza por medio de un hombre que la acogió a ella y a su nuera, y les dio un hijo que continuaría su linaje. No solamente eso, sino que ese hijo sería el abuelo del rey David y más tarde el tataratatarabuelo de Cristo.

Después de un tiempo en que Noemí había dicho a las mujeres del pueblo que ya no la llamaran «dulce» sino «amarga», ahora «Las mujeres le decían a Noemí: “¡Alabado sea el Señor, que no te ha dejado hoy sin un redentor! ¡Que llegue a tener renombre en Israel!”» (Rut 4:14, NVI). Parecía que ya no había esperanza para dos mujeres avanzadas de edad, pero Dios tenía sus planes, y estos habían llegado justo a tiempo, ni tarde, ni temprano.

En el último minuto

¿A qué otra cosa me recuerda esta historia? ¡A mi propia redención! Tanto trabajo que Jesús había hecho en la tierra, tanto que había enseñado y todo lo que había vivido al lado de sus discípulos… para que todo culminara en una cruz. Parecía que la situación estaba perdida. Otro más que creía ser el Mesías esperado, ¿y ahora qué?, ¿cómo se resuelve la situación? 

Pocos hubieran imaginado que, como un gol en el último minuto del partido, verían a Jesús resucitado, habiendo redimido no solo a quienes habían caminado con él, sino a toda la humanidad, a todos los que creyeran en su nombre. Y así como resucitó en el tiempo perfecto, él ha entrado en mi vida en el tiempo perfecto y me ha dado la gracia de conocerlo. Mi deseo es que, en cada tiempo difícil, en medio de cada conflicto, yo pueda recordar como Noemí y como Habacuc, que el Señor no me ha dejado sin un redentor. Esto aplica hoy para mi salvación, pero también para cada cosa que yo vivo en esta tierra. ¡Dios no me ha dejado desamparada! ¡No me ha dejado sin salvación!

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