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Un matrimonio feliz

Este título es bastante atractivo tanto para los que están casados como para los que quieren casarse. Los que están casados lo abrirán para encontrar la solución a sus problemas, y los que no lo están, lo abrirán para saber cuál es esta felicidad que «aún no tienen».

Bueno, a continuación, una frase que probablemente no esperabas. Less Parrot dijo que «el matrimonio no te hace feliz, tú haces feliz tu matrimonio». Esto es totalmente cierto. Y así como el matrimonio, en la vida debemos ver todo de esta manera. Nada ni nadie nos hará felices al cien por ciento; muchos han llegado al matrimonio pensando equivocadamente que al fin esta etapa sí los hará felices; esta es una de las primeras causantes de divorcios a nivel mundial: las altas expectativas de una relación que seguramente te decepcionará al no cumplir todos tus estándares de felicidad.

La plenitud de la vida

Dios, hablando a través del profeta Jeremías, dijo: «Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: me han abandonado a mí,  fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua» (Jeremías 2:13, NVI). ¿Cuántas veces te has encontrado cavando cisternas que no retienen nada? ¿A qué se refiere el Señor con «cisternas» en este versículo? Bueno, una de ellas puede ser el matrimonio, considerar el matrimonio como la fuente de tu felicidad y plenitud. Otra cisterna puede ser la aprobación, tu desempeño laboral, el dinero, la fama, entre otras. Estas cisternas tienen errores y tienen fin. Necesitamos ir a la fuente de agua viva, esa agua que no termina jamás y nunca se estanca; esa fuente de la que podemos tomar y nunca más sentir sed. Esa fuente es Jesús, solo en él hay plenitud de gozo.

La clave de la felicidad

La Biblia afirma que «hay más dicha en dar que en recibir» (Hechos 20:35, NVI). Cuando vivamos la vida en Cristo, estando satisfechos en él, entonces seremos capaces, por medio del Espíritu Santo, de amar y entregamos correctamente a otros. Ahí es cuando podremos aplicar la frase inicial: «el matrimonio no te hace feliz, tú haces feliz tu matrimonio». Hasta que seamos personas plenas en el amor de Cristo podremos hacer feliz nuestro matrimonio, quitando los estándares del mundo y entregándonos completa y desinteresadamente.

Dos consejos prácticos para tu matrimonio

Primero. Sé pleno en Cristo. Debes sumar dos disciplinas indispensables para esto: la Palabra y la oración. Cuanto más lleno estés de Dios y de lo que él dice, reaccionarás y hablarás menos en tu carne y más en el Espíritu Santo. Cuando te sientas amado por Dios y sepas cuánta misericordia tuvo para contigo, entonces tendrás más misericordia para con tu cónyuge y perdonarás rápido, tal y como lo hace Jesús.

Segundo. Elimina de tu mente los estándares del mundo. El matrimonio no es lo que vemos en la televisión ni en redes sociales. Pablo dio un mandato a la iglesia (y por lo tanto, a nosotros también): «No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta» (Romanos 12:2, NTV).

Si estás en Cristo, echa mano de las bendiciones espirituales y sobrenaturales del Reino de Dios, renueva tu mente con su Palabra y jamás te conformes con lo que el sistema del mundo define sobre el matrimonio o el amor.

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