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El río del cielo

He tenido la dicha de estar en paisajes desérticos, ¡y vaya que son hermosos! Pero no quiero imaginar lo que es estar perdido en medio de un desierto. Mientras el calor consume la piel y la insolación hace delirar, cualquiera estaría dispuesto a pagar miles de pesos por un refugio y un vaso de agua. Algo similar sucede en la realidad espiritual. Cuando el alma atraviesa por un desierto, lo que más anhela tu corazón es el «río del cielo» que conforte y avive el corazón que desfallece.

Quiero recomendarte la nueva canción «El río del cielo» de Marcos Witt y Ale Fdz, que apunta a esta maravillosa realidad. Cuando hablamos del río de Dios, nos referimos a la presencia desbordante y envolvente del Espíritu Santo en nuestra vida. Todos experimentaremos temporadas de sequía espiritual, y es en esos momentos cuando el Señor nos lleva a clamar por más de él. «Pues, si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!» (Lucas 11:13, NVI) Que hermosa promesa; cuando pedimos por más, él responderá.

Llamados a disfrutar de Dios

Dios no quiere dejaros en nuestro estancamiento, porque fuimos llamados a disfrutar nuestra relación con él y a dar fruto para su gloria. La libertad con la que Jesús nos hizo libres, nos capacita para testificar a las naciones que Jesús es digno de todo el honor. El precoro de la canción dice: «Portaremos su gloria llevando su verdad, el Espíritu Santo, traerá libertad». Busca con fe y determinación ese nuevo tiempo con Dios. Levanta tu voz en adoración y proclama: «¡Aleluya, aleluya! Es el río del cielo que pronto desbordará».

Si bien todos los que hemos depositado nuestra fe en Jesucristo fuimos sellados con el Espíritu Santo, la propia Biblia nos exhorta a anhelar su llenura. Él es el maravilloso regalo que Jesús nos ha dado. Cristo mismo declaró: «De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva» (Juan 7:38, NVI).

Vivimos en un mundo sediento, y como creyentes debemos de llevar ese río de vida a todos los necesitados. Es tiempo de levantarnos, y llevar la esperanza de Cristo a cada rincón. ¡Es tiempo del río del cielo!

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