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Agradar a Dios con nuestra adoración

A veces pensamos que Dios se agrada de nuestra «manera de adorar», sea cual sea y hemos confundido el hecho de adorar con maneras de adorar, cuando realmente solo existe una manera de adoración hacia Dios.

En Génesis 4:1-4 descubrimos un acontecimiento muy interesante. Dios forma una familia: Adán y Eva, conciben a dos hijos, Caín y Abel, y en esta historia vemos que Caín trabajaba la tierra, mientras que Abel trabajaba con el ganado. Un día trajeron una ofrenda para ofrecerla a Dios, que era su manera de traer adoración, Caín ofreció una ofrenda del fruto de la tierra, y Abel trajo lo mejor de su rebaño.

En el v. 5 vemos que Dios no se agradó de la ofrenda de Caín pero de la de Abel sí se agradó. Me pregunto por qué. Muy simple: la únicamanera en que Dios se agradaba de una ofrenda era a través del derramamiento de sangre.

Gracias a Jesús, que derramó su sangre por nosotros, ahora no tenemos que sacrificar nada. Ya hubo un sacrificio, pero esto no significa que Dios no siga buscando personas que le adoren como él quiere.

En Juan 4:23 dice que Dios está buscando verdaderos adoradores que le adoren en espírituy en verdad, es decir, con su vida. Muchos hemos cometido el error de pensar que adorar a Dios es cantar muy fuerte, ¡o dejar las manos levantadas por 15 minutos sin parar! Creemos que si hacemos estas cosas Dios se agradará de nosotros.

En 1 Samuel 15, vemos una historia muy triste, a través de la que podremos entender qué es lo que Dios quiere y cómo quiere que le adoremos.

El profeta Samuel llegó y dio una instrucción al rey Saúl de parte de Dios, diciéndole que fuera a cierta ciudad y que matara a todo lo que encontrara ahí, desde niños, mujeres, hasta el ganado. Le dijo que no dejara nada ni nadie vivo.

Al leer el capítulo, descubrimos cómo se va desarrollando esta historia: Saúl va, pero desobedece, capturando al rey de aquella ciudad, perdonándole la vida, y también la de una parte del ganado. Versículos más adelante vemos que Saúl regresa con el rey de aquella ciudad y también con «lo mejor» del ganado. Más adelante, el profeta Samuel se encuentra con el rey Saúl y comienzan a conversar, ahí, el profeta Samuel se da cuenta que Saúl ha desobedecido el mandato del Señor. El rey trata de excusarse, comienza a echa la culpa a sus soldados, diciendo que ellos habían traído el ganado con el fin de ofrecerlo como una ofrenda a Dios.

Muy interesante. Ellos querían adorar a Dios, traer su ofrenda, su holocausto, su sacrificio, sin embargo, Samuel le pregunta al rey algo que nosotros debemos preguntarnos todos los días: «¿Qué le agrada más al Señor: que se le ofrezcan sacrificios y holocaustos, o que se obedezca lo que él dice?»

Dios está buscando personas que quieran vivir una vida que agrade a Dios, personas que estén dispuestos a adorarle con el corazón, con su ser. De nada sirve hacer sacrificios y holocaustos si nuestro corazón no está obedeciendo sus estatutos. La próxima vez que alguien le ofenda, antes de responderle de la misma manera, ¡tiene usted una oportunidad muy buena de adorar a Dios! Perdónele, ámele. Cuando vaya manejando y un auto se le atraviesa (y usted quiera echarle el carro encima) piense cómo adorar a Dios en esa situación.

Vivamos  una vida de adoración, seamos personas que siempre estén  buscando la manera de adorar a Dios con nuestras palabras, nuestras actitudes y nuestras acciones, para que podamos ver y disfrutar plenamente de las bendiciones que Dios tiene para nosotros.

Seamos adoradores que le adoren en espírituy en verdad.

Colaboración especial: Coalo Zamorano

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